Almería cuenta con un rico patrimonio cultural, histórico y artístico que atestigua el paso de civilizaciones y pueblos por unos parajes con castillos y monumentos

Hay muchas formas de mirar, sentir y vivir Almería, casi tantas como visitantes llegan a una tierra que puede presumir de ofrecer entre sus muchos atractivos un rico patrimonio cultural, histórico, etnográfico, artístico y arqueológico. A través de este es posible acercarse al paso de distintas civilizaciones, pueblos y culturas por una provincia que, además, es conocida en todo el mundo precisamente por un arte universal como el cine.

Desierto de Tabernas

Los escenarios naturales del Desierto de Tabernas y las numerosas estrellas del celuloide y grandes producciones que se rodaron y se siguen rodando en la provincia dan fe de que hay una Almería interior de una incalculable riqueza cultural. Tan solo hay que explorarla y descubrirla…

Por el Desierto de Tabernas y otros parajes de Almería han pasado desde los años 60 grandes estrellas del cine mundialmente conocidas y se han rodado numerosas superproducciones. Este lugar de película ofrece al visitante el atractivo lúdico de sus parques temáticos, en los que pasar una jornada inolvidable en familia o entre amigos, ambientados por completo en el salvaje Oeste, y donde ver en acción a verdaderos actores y especialistas. Se puede, además, recorrer muchos de los lugares que fueron en su momento platós al aire libre de míticas películas. Y para los amantes del deporte, sobre todo del trail, la BTT y el senderismo, el desierto más meridional y casi único de Europa es un destino imprescindible para ser recorrido.

Ciudad de la Cultura en el Valle del Almanzora

Ciudad de la Cultura en Olula del Río.
Ciudad de la Cultura en Olula del Río. | Curro Vallejo/Diputación de Almería

Hay una Almería volcada con la cultura al más alto nivel, y especialmente un punto en la provincia de obligada visita para todos aquellos que persiguen la belleza artística. Se encuentra en el Valle del Almanzora. Olula del Río se ha convertido en el polo artístico más importante del sureste peninsular gracias en gran medida al talento y el empeño del artista Andrés García Ibáñez, impulsor de un anillo museístico conocido como Ciudad de la Cultura, y en el que junto a la del propio Ibáñez está también la impronta de otros dos grandes artistas en diferentes campos, como Antonio López y Carlos Pérez Siquier, amén de una indispensable colección de arte almeriense e indaliano.

Precisamente la última instalación inaugurada lleva el nombre del afamado fotógrafo almeriense, el primer espacio dedicado en España a uno de los grandes clásicos y en el que se custodia el legado de Pérez Siquier. El Museo Ibáñez, germen de todo, cuenta con 25.000 metros cuadrados y 18 salas de exposición, donde apreciar la extensa obra del propio García Ibáñez, reputado pintor figurativo. Y es ya todo un un icono de la comarca la imponente estatua La Mujer del Almanzora, obra del renombrado Antonio López, compuesta por 280.000 kilos de mármol blanco Macael y que preside un entorno en el que también se puede disfrutar de un jardín botánico y gliptoteca con estatuas clásicas grecorromanas.

Museos de Terque

Museos de Terque
Museos de Terque.

El culto por la belleza está muy presente en el interior de Almería, por pequeño que sea el lugar al que pongamos rumbo. Si es al pequeño pueblo de Terque, en la confluencia de los ríos Andarax y Nacimiento y que no llega a 400 habitantes, entonces habremos puesto el pie en una Almería que cuida de sus tradiciones y su legado cultural, que los mima y los expone para el conocimiento de las generaciones actuales, que los guarda como tesoro etnográfico de la memoria colectiva y rural.

Los Museos de Terque suponen un complejo formado por cinco instalaciones: Museo Etnográfico, Museo Provincial de la Uva del Barco (cultura parralera almeriense), La Modernista (tejidos y vestimenta) y el Museo de Escritura Popular, además de la Cueva de San José, un espacio dedicado a exposiciones, conferencias y conciertos.

El Castillo de Vélez-Blanco

Castillo de Vélez-Blanco
Castillo de Vélez-Blanco

Más al norte, en la comarca de Los Vélez, la más septentrional de Almería, se encuentra otro foco de gran atractivo turístico por el rico patrimonio artístico que atesora. En Vélez-Blanco se erige una joya del Renacimiento Español que mandó construir a principios del siglo XVI y sobre los restos de una alcazaba árabe el Marqués de Los Velez, Pedro Fajardo Chacón: el extraordinario Castillo Palacio de Vélez-Blanco.

Esta construcción forma parte -en un lugar muy destacado por antigüedad, conservación y valor arquitectónico- de la extensa nómina de castillos, fortalezas y baterías militares que se conservan en la provincia de Almería de épocas pretéritas. Otros ejemplos son el Castillo del Marqués de los Vélez (en Cuevas del Almanzora), el Castillo de Tabernas, el Castillo-Torre de Macenas (Mojácar), los restos de la Muralla de Adra, o la amplia red de baterías y torres costeras defensivas medievales que salpican el litoral.

Culto religioso

Las construcciones dedicadas al culto religioso e incluso el culto en sí (peregrinaciones y romerías populares), son otros dos puntos fuertes del legado patrimonial y popular presentes en la provincia.

La peregrinación del Cristo de la Luz, en Dalías, concita cada año a decenas de miles de personas llegadas desde distintos puntos de dentro y fuera de Almería, para venerar la imagen del santo en la Iglesia de Santa María de Ambrox, acompañados sus momentos culminantes con cantidades ingentes de pólvora. Es el evento de este tipo más multitudinario de Almería, aunque no el único, pues las romerías a ermitas y santuarios están muy presentes en pueblos almerienses de todas las latitudes, así como en la capital.

Plaza de la Encarnación e iglesia de Vélez-Rubio. | Lázaro Martínez/QVEA
Plaza de la Encarnación e iglesia de Vélez-Rubio. | Lázaro Martínez/QVEA

Volviendo a Los Vélez, Vélez-Rubio posee una de las iglesias más atractivas y de mayor valor patrimonial y artístico de la provincia. Construida en 1753, cuenta con elementos del Barroco y el Neoclásico y dos características torres, así como apreciables vidrieras y una figura esbelta y a la vez majestuosa.

Las dos torres están también presentes en la Iglesia de la Anunciación de Berja o la de Nuestra Señora de la Asunción de Huércal-Overa, otros templos almerienses de gran belleza. Son solo unos ejemplos de las numerosas construcciones religiosas dignas de visitar de la provincia, donde existen varios edificios levantados como iglesias-fortaleza, con marcado carácter defensivo además de religioso.

El principal de estos templos es la Catedral de la Encarnación de Almería, aunque también existen en Adra o en Vera, construcciones ambas que, curiosamente, también son llamadas de la Encarnación.

Recreaciones históricas

Y la provincia de Almería está también en vanguardia nacional de las recreaciones históricas, eventos de calado para los pueblos, con la participación de un altísimo porcentaje de vecinos que cada año se vuelcan en la puesta en escena de acontecimientos que marcaron el pasado de sus localidades y que se mantienen vivos, atrayendo a su vez a numerosos visitantes de fuera. Son más, y además hay municipios que se van sumando con nuevas apuestas, pero hay dos que destacan especialmente, por lo mucho que mueven y el franco crecimiento que están experimentado. Se celebran en Padules y Macael.

La recreación de la Paz de las Alpujarras reúne cada año a cientos de personas durante varios días en la pequeña localidad de Padules, con numerosas actividades paralelas a la cuidada y trabajada puesta en escena que rememora la Rebelión de los Moriscos en la comarca alpujarreña durante el siglo XVI. Prácticamente todo el pueblo participa en la recreación de distintas escenas en unos días de verdadera fiesta muy recomendables para pasarlo bien y aprender.

E igual sucede en Macael con la representación de la lucha entre Canteros y Caciques, acontecimiento que transforma durante varias jornadas el pueblo del mármol y del que igualmente están muy orgullosos los macaeleros y vecinos de otros municipios de la zona, que han vivido tradicionalmente, y lo siguen haciendo, de la cantería y la piedra.

El castillo de Vélez-Blanco es uno de los monumentos más emblemáticos de toda la provincia de Almería

Impasible al paso del tiempo, la silueta del castillo de Vélez-Blanco recorta majestuosa el horizonte. La fortaleza, elevada sobre un cerro, domina toda la localidad y el valle que tiene a sus pies convirtiéndose en uno de los monumentos más emblemáticos de toda la provincia de Almería.

Para conocer en profundidad este castillo, declarado monumento nacional en 1931, tenemos que hacer dos viajes:  uno al norte de la provincia de Almería, Vélez-Blanco, y el segundo hasta el corazón de la Gran Manzana, al Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Panorámica del castillo de Vélez-Blanco. | Lázaro Martínez/QVEA
Panorámica del castillo de Vélez-Blanco. | Lázaro Martínez/QVEA

Cómo llegar al castillo de Vélez-Blanco

Para adentrarnos en las entrañas de esta fortaleza-palacio (mandada construir por don Pedro Fajardo Chacón, I Marqués de Los Vélez entre 1506 y 1515, con el fin de convertir la villa velezana en el centro administrativo de su gobierno) hemos de  desplazarnos hasta Vélez-Blanco, al norte de Almería.

El castillo no tiene pérdida, desde la A-92N impacta la imagen del recinto que se eleva erguido sobre el cerro del mismo nombre. Al llegar a la altura de Vélez-Rubio hay que desviarse por la A-317 hacia Vélez-Blanco, que dista 6 kilómetros, dejándonos la circunvalación del municipio a los pies del castillo.

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Otra de las opciones es adentrarse en el municipio y atravesar a pie toda la trama urbana, perdiéndose el visitante por sus calles. Esto permite conocer de primera mano el entramado de la Morería, así como diferentes elementos urbanos de interés como la fuente de los Cinco Caños o restos de la antigua muralla.

Este recorrido comienza en la calle Corredera para subir por Hospital y desde aquí cualquier trasversal conduce al viajero a los pies de la fortaleza por alguna de las tortuosas calles del barrio de la Morería. O bien cruzar el pueblo en coche y pasar por la calle Corredera para comenzar el ascenso a la izquierda por las empinadas calles Vicente Sánchez y Castillo que nos conducen a los pies de la fortaleza.

Inicio de la visita al castillo de Vélez-Blanco

Escudo de los Fajardo. | Lázaro Martínez
Escudo de los Fajardo. | Lázaro Martínez

La visita al conjunto monumental del castillo de Vélez-Blanco la iniciaremos por el perímetro exterior, partiendo del gran arco rebajado que abre al visitante a la magnífica vista de la localidad.

En nuestro caminar lo primero que encontramos es un lienzo de pared, restos de la primitiva alcazaba musulmana que contrasta con los robustos muros de sillería del castillo. En este recorrido el viajero se topa con la firmeza y solidez de las paredes del castillo a un lado, y al otro la belleza que observa al caminar como la primitiva iglesia de la Magdalena a los pies, el entramado arquitectónico de tejados y casas blancas de Vélez-Blanco y al amplio valle que se abre hasta el macizo de La Muela y la vista al fondo del castillo de Xiquena, en la vecina Lorca.

Los lienzos exteriores están decorados con los escudos de armas de Fajardo y de la Cueva correspondientes a D. Pedro Fajardo, primer marqués de los Vélez y a su segunda esposa Dª Mencía de la Cueva. Continuando con el paseo, aparecen diferentes elementos defensivos del edificio. En el extremo norte, la torre albarrana sobresale de la construcción para proteger la poterna o puerta auxiliar del castillo. Para volver por debajo del puente hasta la puerta que da acceso al primer recinto.

Interior del castillo de Vélez-Blanco

Entramos al castillo por el extremo sur, que da acceso al primer recinto, que corresponde a una construcción auxiliar. En este patio se encontraban las caballerizas, la casa de los pajes, cocinas y dependencias de los criados.

Una escalera nos conducirá a una pasarela de madera, a unos diez metros del suelo, que conecta la parte militar con la palaciega. La entrada principal de la fortaleza está blasonada por el escudo de don Pedro Fajardo, que da acceso a un vestíbulo, donde encontramos una sala expositiva en la que podemos observar varias maquetas del castillo además de diferentes paneles que dan a conocer la historia del edificio.

El Patio de Honor y su ‘viaje’ al Museo Metropolitano de Nueva York

El patio, desposeído de todo ornamento al ser vendido en 1904 a un anticuario francés, conserva diferentes elementos de la cornisa, así como una gárgola en una de sus esquinas, además del brocal del pozo que da acceso a un aljibe, de época nazarí, todos ellos originales.

La joya del palacio lo constituye el Patio de Honor de estilo renacentista, realizado por arquitectos italianos en mármol blanco de Macael. Al entrar, sorprenden las paredes vacías del recinto y la impresionante torre del homenaje de 33 metros de altura, donde se encuentra impreso el escudo de armas del primer marqués.

Será en 1913 cuando los mármoles del patio sean adquiridos por Florence Blumenthal, para la vivienda que estaba construyendo en la Quinta Avenida de Nueva York. A su muerte, la colección fue donada al Museo Metropolitano de Nueva York, instalándose definitivamente en 1945 en una de las salas principales del museo.

Patio del castillo de Vélez-Blanco en Nueva York. | Lázaro Martínez/QVEA
Patio del castillo de Vélez-Blanco en Nueva York. | Lázaro Martínez

Resto del castillo

En la segunda planta, a la que accedemos por la escalera contigua al patio, entramos en las salas nobles del alcázar, el salón del Triunfo y de la Mitología, donde estaban ubicados unos ricos frisos tallados en madera que hacían alusión al triunfo del César en las Galias y los trabajos de Hércules. Hoy se encuentran en el Museo de Artes decorativas de París.

La visita continúa por la galería mirador con seis arcos orientados hacia el pueblo desde donde se pueden ver una bonita panorámica de la villa y el valle.  El resto del castillo que da acceso a la torre del homenaje y a otras dependencias se encuentra cerrado en espera de diferentes actuaciones de consolidación.

Vistas del valle desde el mirador. | Lázaro Martínez
Vistas del valle desde el mirador. | Lázaro Martínez

Historia del castillo de Vélez-Blanco

La familia Fajardo se afincará en el municipio tras la permuta del puerto de Cartagena y la creación del marquesado de Los Vélez. Desde su construcción, el alcázar velezano ha estado sometido a diversos avatares históricos. Este castillo representa la fuerza y el lujo familiar de la nobleza frente al poder central de la corona.

Construido entre 1506 y 1515, mezcla elementos de estilo gótico con el renacentista. A finales del siglo XVI entró en decadencia, siendo sustituido como residencia marquesal por la corte madrileña. En la actualidad el castillo pertenece a la Junta de Andalucía, desde que lo compró a su dueño en 2005. El gobierno andaluz tiene un proyecto de recuperación del todo el edificio, en el que se incluye una reproducción del patio.

Horario del castillo de Vélez-Blanco

La visita al castillo es gratuita. Está abierto desde el 1 de abril al 30 de septiembre de miércoles a domingo de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas. De 1 de octubre al 31 de marzo de miércoles a domingo de 10:00 a 14:00 horas y 16:00 a 18:00 horas. Cerrado: 1 y 6 de enero, 1 de mayo, 24, 25 y 31 de diciembre. Festivos nacionales, autonómicos y/o locales, consultar por teléfono o correo electrónico.

Continuar la visita por Vélez-Blanco

Junto al castillo de Vélez-Blanco también podemos visitar el aljibe árabe o la iglesia de la Magdalena. La visita por Vélez-Blanco puede continuar conociendo las diferentes fuentes que hay a lo largo de todo el municipio, además de la iglesia de Santiago, el Alporchón o el Centro de Interpretación del Parque Natural Sierra de María-Los Vélez.

Una vez finalizada la visita, podemos recuperar fuerzas en cualquiera de los muchos bares y restaurantes que llenan Vélez-Blanco. Junto al castillo está el Mesón Antonia. Y si hemos seguido por el pueblo, podemos hacer un alto en El Molino o El Palacil, especializados en carnes.

El Cortijo de Las Dos Torres, a menudo llamado ‘de los Godoy’, es uno de los lugares que ver en Benahadux

Uno de los lugares que ver en Benahadux es el Cortijo de Las Dos Torres, situado en las cercanías de El Chuche. Un palacio que, viéndolo desde la carretera nacional, llama la atención tanto por sus dos torres de cuento como por su forma de emerger entre la vega del Andarax.

Ya sea saliendo desde Almería hacia la Alpujarra, o llegando a la capital almeriense por esta carretera, el Cortijo de Las Dos Torres, a menudo llamado también ‘de los Godoy’, llama al conductor a visitarlo. O, al menos, ya que su acceso no está permitido por tratarse de una propiedad privada, sí a contemplarlo un poco más de cerca, desde su exterior. 

Cómo llegar al Cortijo de Las Dos Torres

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Situado en la carretera que une el núcleo urbano de Benahadux con la barriada benaducense de El Chuche, tenemos dos formas de llegar hasta este palacio. Una, viniendo desde Almería capital y Huércal de Almería, tomando como referencia la conocida como ‘rotonda de Briseis’ (por dar acceso a esta empresa que, junto al acueducto de Zamarula, hace de límite entre Huércal y Benahadux).

Allí hay que coger la salida en dirección a El Chuche, donde podemos hacer una parada para ver la zona arqueológica con los yacimientos iberorromanos de El Chuche, Cerro del Paredón y el Cerro de las Agüicas, que están considerados como la ubicación más verosímil de la antigua ciudad de Urci.

Otra parada de camino al Cortijo de Las Dos Torres la podemos hacer una vez que salimos de El Chuche, en la primera rotonda que nos encontramos. Allí podemos ver la imagen de la diosa Tanit, de origen cartaginés, adoptada como imagen del municipio, junto a la reproducción de un miliario romano que marca las distancias a Alba y Turaniana.

Otra forma de llegar es desde Benahadux, entrando desde la gran rotonda de la carretera nacional hacia la avenida 28 de Febrero y siguiendo de frente en la glorieta que nos encontramos al final de esta vía. Pasados los primeros cortijos de la barriada de Cuevas Viejas, veremos ya las dos torres, que quedarán a nuestra izquierda.

Detalle de una de las torres del cortijo de las Dos Torres de Benahadux
Una de las torres del Cortijo de las Dos Torres de Benahadux. | Tito S./QVEA

Historia del Cortijo de Las Dos Torres

Antes de seguir, hay que incidir en que se trata de un cortijo que es propiedad privada, por lo que el acceso no está permitido y solo es posible admirarlo desde fuera. Bernardo Campos, que fuera alcalde de Almería, mandó levantar en 1868 este palacete burgués en la vega del Andarax, para regalárselo a su esposa, Ana Medina.

En sus orígenes, fue concebido como una villa de recreo, aunque posteriormente le añadiría las dos torres como palomar, a las que se accedía por una escalera de caracol, relata el periodista Manuel León.

El edificio constaba en su disposición original de vivienda en la planta alta y un almacén destinado a la uva en la parte baja. Había además habitaciones auxiliares, salas para la lectura o para la costura y una serie de alacenas. En la parte exterior se construyó otra vivienda y una capilla excavada en cueva, con portada ojival, con una cripta funeraria familiar

Cuenta además con dos anécdotas. Una, que el cortijo quedó partido con la construcción de la línea de ferrocarril Linares-Almería, por lo que el tren cruzaba cada tarde la finca. Otra, que tras un incendio, los propietarios mantuvieron una de las torres pintada de negro como recuerdo de ese suceso.

Escudo de armas de la familia Magaña, actuales propietarios del Cortijo de las Dos Torres de Benahadux. | Tito S./QVEA

La niña y la torre

En torno a este palacio existe también un halo de misterio. Existe la leyenda de que una de las familias que habitó este cortijo tenía una hija que padecía de esquizofrenia y fue encerrada en una de las dos torres hasta que falleció.

Desde entonces, dicen, ocurren casos extraños en esa torre y se cuenta también que por las noches se ve a una niña cruzando la carretera. Una leyenda que convierte a este lugar en uno de los lugares con misterio de Almería.

Qué ver en Benahadux

Además del Cortijo de Las Dos Torres, hay más que ver en Benahadux. Ya os hemos hablado de la imagen de la diosa Tanit y los yacimientos iberorromanos, ambas en El Chuche. En el casco urbano, sobre la avenida 28 de Febrero se articulan otros puntos de interés que ver en Benahadux. En torno a esta vía se halla la iglesia parroquial, en honor de la Virgen de la Cabeza, en el Paseo de Urci y a muy pocos metros del Ayuntamiento.

Muy cerca, desde la avenida, y ascendiendo por la callejuela junto a la Bodega El Chaparral, donde recomendamos una parada para comprar y probar vino del país, llegamos hasta la ermita de la Cruz. También subiendo por la misma avenida, a mano izquierda tenemos un lavadero rehabilitado en mármol, en la calle Navarro Darax.

Al final de la misma avenida, junto a la rotonda con la carretera nacional, encontramos el Centro de Interpretación de las Culturas del Mediterráneo, con un repaso a la historia de iberos, fenicios, griegos, cartagineses y romanos en la provincia.

Por último, un elemento que empezó siendo publicitario y ha acabado como Bien de Interés Cultural: el toro de Osborne. Siguiendo por la carretera nacional en dirección al municipio de Rioja, antes de llegar al puente que une estas dos localidades nos lo encontraremos a nuestra espalda; de frente, si venimos en sentido opuesto.

Cuentacuentos, talleres, pasacalles, música, magia o exposiciones para ver Velefique con niños

Sin duda, una de las cosas que ver en Velefique es el Veleficuento. Se trata de un evento que se celebra solamente unos pocos días al año, pero que es indispensable para disfrutar en familia y que ver en Almería con niños.

Un proyecto que trata de acercar la cultura a los pueblos de la sierra de Los Filabres y que cuenta con la participación de gran parte del municipio, narradores foráneos y conocidos escritores.

¿Qué y cuándo es el Veleficuento?

El Veleficuento surgió en 2018 con la finalidad de dinamizar los fines de semana en Velefique, con actividades para todos los niños que acuden al pueblo. Se apostó por un enfoque cultural, con propuestas para toda la familia, que permitiera combinar turismo rural y cultura, un binomio muy interesante para este municipio de la comarca.

El eje en el que se mueve este evento es la narración oral. A través de ello, implica actividades que se realizan en varios días como obras de teatro, cuentacuentos o pasacalles, entre otras. En ellas se aprovecha para dar a conocer los rincones más peculiares de Velefique, a la vez que se disfruta de un contenido cultural diverso.

En 2022, Veleficuento se celebra los días 4 de junio y 1, 14, 15 y 16 de octubre (ver programa).

Qué podemos ver en Veleficuento

Una de las representaciones de Veleficuento. | Javier Cortés

Un pasacalles con la historia de Velefique. La Asociación de Mujeres de Velefique, junto a varias personas del municipio, realiza una obra de teatro itinerante, generalmente en domingo. De título ‘Forasteros’, cuenta una historia relacionada con el municipio y en la que hay multitud de detalles que la hacen única.

Música, magia y poesía. Cada edición del Veleficuento suele contar con una banda de pop-rock. También hay espectáculos de músicos locales o magos, así como un recital de poesía.

Cuentacuentos. Desde un monólogo de un artista, pasando por marionetas, cuentacuentos ambientados en diferentes épocas, se realizan a lo largo y ancho de todo el pueblo.

Exposiciones. Pueden llegar a verse exposiciones de libros de diferentes géneros, mesas redondas de escritores o proyecciones cinematográficas.

Talleres. Los diferentes seminarios suelen ser de libros, dibujos y otras manualidades, siempre enfocados a buscar la creatividad e imaginación por parte de los pequeños.

Concursos. Se organizan varios concursos en torno a la escritura, con temas específicos en los que pueden participar alumnos de los colegios de toda la provincia de Almería. Hay premios y la oportunidad de ganar un fin de semana en los alojamientos rurales del municipio.

Novedades. Ocasionalmente, suele haber actividades especiales, como juegos de palabras de la comarca, coloquios o charlas sobre temas culturales.

Cómo llegar a Velefique

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Velefique se encuentra en la sierra de Los Filabres, a 45 minutos de Almería capital. A esta localidad se llega yendo por autovía hasta la salida de Tabernas, continuando por carretera nacional y cogiendo después la AL-3102.

Una vez allí, este evento no se desarrolla en un único punto, sino que trata de situar las diferentes actividades en varios sitios que ver en Velefique. A continuación, te decimos cuáles.

Teatro Municipal de Velefique

En el momento en el que llegamos a Velefique tenemos dos opciones. Una es seguir recto, entrando en el pueblo por la calle Almería y la otra es seguir hacia la izquierda por la misma carretera por la que veníamos, que es la que lleva al Bar–Restaurante La Piscina y al Alto de Velefique, punto de paso de la Vuelta Ciclista a España.

Cogiendo esta segunda carretera, al instante veremos un gran edificio con parte de la fachada en pizarra, un material que abunda en la comarca y que iremos comprobando que es también característico en las casas de Velefique.

Más arriba nos encontraremos con unos alojamientos rurales y abajo con dos salones. El más cercano es el Teatro, en el que se desarrollan tanto cuentacuentos como obras de teatro y conciertos. A su lado, una sala multiusos en la que se realizan exposiciones, concursos de dibujo y otros eventos del Veleficuento.

La plaza de la Constitución

Si en el cruce anterior seguimos recto por la calle Almería, entramos al casco urbano de Velefique. Allí nos vamos encontrando con árboles muy típicos del municipio, como son los almendros y chumberas situados en bancales próximos. Al final de la misma se encuentra la plaza de la Constitución, donde principalmente se realizan cuentacuentos y algunos concursos.

Cuentacuentos en Veleficuento
Cuentacuentos en la plaza de la Constitución. | Javier Cortés

En la plaza se encuentra el Bar Antonio Carmona, el Ayuntamiento y la sala de subastao. Desde hace unos años, se ha embellecido con naranjos y, en el centro, con una gama de flores muy peculiares. Desde rosales hasta cañas indias pasando por duranta, forman un pequeño jardín para todos.

Desde aquí parten también algunas de las rutas de senderismo de Velefique y Los Filabres, como el sendero de Fuente lo Alto y la ruta de Los Cocones.

La iglesia de Santa María

Desde la Plaza de la Constitución podemos continuar por la calle Real. En este recorrido disfrutaremos de unas vistas espectaculares entre almendros, limoneros, jazmines y casas blanquecinas que le dan un toque paradisiaco. Este es lugar de paso de los pasacalles y desde aquí podemos divisar la iglesia de Santa María.

Iglesia que ver en Velefique
Vistas de la iglesia de Santa María de Velefique. | Javier Cortés

Si giramos por la primera calle a la izquierda pasaremos por la Carnicería García (con especial mención a la morcilla de Velefique) antes de girar a la derecha y llegar. La Iglesia es del siglo XV y cuenta con un estilo gótico tardío y artesonado mudéjar. Recientemente se han puesto vigas de color rojizo en el techo y se ha blanqueado la fachada. Su explanada es parada del pasacalles o escenario de cuentacuentos.

La Almazara de Velefique

Desde la calle Real, entre limoneros y naranjos veremos, al fondo, un puente con dirección al barrio de Triana que tendremos que cruzar. Una vez al otro lado, a la izquierda nos encontraremos con la antigua almazara, donde se extraía el ‘oro líquido’ de las aceitunas. En la actualidad, se guardan aquí máquinas para prensar y está en proyecto su rehabilitación como Museo de la Almazara. En esta explanada se realizan también cuentacuentos durante Veleficuento.

Cuentacuentos en Veleficuento junto a la antigua almazara de Velefique
Cuentacuentos junto a la antigua almazara. | Javier Cortés

Encontramos también aquí el Centro Social Lavadero. Antiguamente era el lugar donde las mujeres lavaban la ropa con jabones que solían hacer ellas mismas. Con el paso del tiempo se le ha dado otro uso más enfocado a la gastronomía y actualmente se ha reconvertido en un pub.

Como dato curioso, aquí se encuentra una pequeña balsa con ranas y peces dorados. Este establecimiento fue también el lugar donde Cristina y José empezaron a fabricar la cerveza Filabres.

Qué más ver en Velefique

Velefique guarda además los restos de la alcazaba sufí. Para llegar a ella es necesario hacerlo desde la entrada del pueblo por la carretera AL-3102, desviarse por el Camino del Castillo, una de las sendas para ir al vecino pueblo de Senés y pasar por el cementerio, que cuenta con un minarete musulmán. Desde ahí, los visitantes verán varias indicaciones para llegar a este lugar.

Cuando hayamos terminado nuestra ruta por Velefique y su Veleficuento, una buena opción es llegar hasta el Bar-Restaurante La Piscina, para el cual ya os dejamos las indicaciones al comienzo del artículo. No pueden faltaros, a la hora de pedir, choto en salsa, arroz mixto, caracoles, cherigans, morcilla de Velefique y una cerveza Filabres, creada en este municipio.

Desde septiembre de 2022, el Convento de Las Puras abre sus puertas al público, mostrando sus más de 500 años de historia

El Convento de Las Puras alberga a las vecinas más antiguas de la ciudad de Almería. Durante cinco siglos (el quinto centenario se celebró en el año 2015), sus puertas han estado cerradas a visitantes, acogiendo a una población de monjas de clausura que en algunos momentos ha llegado a rozar el centenar de integrantes.

Hoy en día, por debajo de las siete hermanas, lo que obligaría a su cierre y traslado, el Convento de Las Puras abre al público como forma de sobrevivir. Desde septiembre de 2022, esta pequeña ciudad dentro de la ciudad de Almería es visitable, aunque una parte importante de la misma sigue formando parte de la intimidad de sus habitantes.

500 años de Las Puras en Almería

Hemos empezado diciendo que Las Puras son las vecinas más antiguas de la ciudad de Almería. Os contamos un poco su historia: con la conquista cristiana de Almería y expulsión de los musulmanes que dominaban la ciudad, la Corona de Castilla entregó varios terrenos a don Gutierre de Cárdenas, uno de los grandes jefes militares de los Reyes Católicos. Entre ellos tres pequeñas fincas de recreo (almunias) de tres moros importantes en el barrio de la Musalla.

En su testamento, Gutierre de Cárdenas cedía sus terrenos del casco antiguo a la orden de Las Claras. Sin embargo, a su muerte, su esposa, Teresa Enríquez, se los cedió a su amiga Beatriz de Silva, fundadora de las Concepcionistas Franciscanas en Torrijos (Toledo) para construir en Almería el Convento de Las Puras.

A partir de ahí, a través de donaciones, Las Puras adquirieron una gran cantidad de terrenos en Almería y el Bajo Andarax, convirtiéndose en las grandes propietarias de la provincia. Sin embargo, con el paso de los siglos, las expropiaciones y las desamortizaciones les han reducido sus posesiones al actual convento y el anexo edificio que un día fue Colegio y hoy es sede, en régimen de alquiler, de la UNED.

Cómo llegar al Convento de Las Puras

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La manera más fácil para llegar al Convento de Las Puras es hacerlo desde la Plaza de la Catedral de Almería. Una vez allí, hay que localizar la estatua al Obispo Diego Ventaja y salir de la plaza por la calle junto a ella. A continuación, hay que tomar la primera calle a la derecha y nos encontraremos con la puerta de acceso a la Iglesia. A escasos metros de allí está la entrada para la visita

Otra forma de llegar es desde la Plaza Vieja. Saliendo hacia la Plaza de la Administración Vieja, junto al edificio de la UNED, se puede bajar por la calle Arráez y la peatonal Gutierre de Cárdenas hasta desembocar en la Casa del Poeta Valente, situada a escasos metros del acceso a Las Puras.

Una tercera opción, desde la UNED, es bajar por la calle Cervantes en dirección a la Plaza de la Catedral y seguir las indicaciones anteriores. Por esta última ruta pasaremos por la puerta oficial del convento, a través de la cual se accede al compás y al torno, como ahora después veremos.

Visitar el Convento de Las Puras: horarios y precios

Antes de seguir, os comentamos: el Convento de Las Puras de Almería se puede visitar de lunes a domingo de 11:00 a 14:00 horas y por las tardes de lunes a sábado de 16:00 a 18:00 horas.

El precio general de la entrada es de 5 euros, aunque existen una serie de descuentos para mayores de 65 años o jóvenes de 12 a 18 años (4 euros), residentes en Almería capital o grupos con guía (3 euros).

También se puede adquirir una entrada conjunta para el monasterio y la Catedral de Almería. En este caso, los precios son de 9 euros la general, 8 para mayores y 6 para jóvenes y grupos. En ambos casos, los menores de 12 años entran gratis.

Y un apunte más: al compás y el torno se puede acceder gratuitamente por el acceso principal de la calle Cervantes, siempre que se tenga una causa justificada. También se puede entrar gratis a la iglesia, aunque solamente en horario de misa, pero sin acceso a las demás partes visitables del convento.

Compás y torno: entrada oficial al Convento de Las Puras

Compás del Convento de Las Puras. | Tito S./QVEA
Compás del Convento de Las Puras. | Tito S./QVEA

Antes de entrar a la visita, podemos llegar a la entrada oficial, de acceso libre para los visitantes. El acceso se hace por la calle Cervantes, que comunica la Plaza de la Catedral con la Plaza de la Administración Vieja, entre el hoy CEIP Giner de los Ríos, antiguamente propiedad del convento, y el edificio de la UNED. Allí, una placa conmemorativa de la Asociación de Vecinos del Casco Antiguo de Almería nos recuerda el quinto centenario del convento.

Tocando al timbre, y siempre que tengamos una causa justificada, se puede acceder al compás, antesala del convento, llamado así porque rodea al edificio. Es la entrada oficial y solemne. Por esta entrada llegamos a la Puerta Reglar, que conserva sus elementos originales y que era la puerta oficial para las autoridades. Sobre ella, una de las tantísimas representaciones de la Purísima con la que nos encontramos por todo el monasterio, dentro de una hornacina con concha peregrina y escoltada por dos imágenes de santos, frescos realizados por un tío abuelo de Jesús de Perceval.

De camino al torno, encontramos otra Purísima, esta sobre una columna toscana, y una puerta que conecta con la sacristía. Encarni, una de las monjas de clausura, saluda a través del torno. Este ha sido durante siglos el único contacto de las monjas con el exterior y el lugar donde se comunican con aquellos visitantes que acudían a ellas a por dulces, yemas o encuadernaciones, prácticas que ya dejaron de realizar ante la falta de personal.

Comienza la visita al Convento de Las Puras: el claustro sur

Claustro sur del Convento de Las Puras. | Tito S./QVEA
Claustro sur del Convento de Las Puras. | Tito S./QVEA

Ahora sí, entramos a la parte del convento que era desconocida hasta ahora. Lo hacemos acompañados por el historiador y biógrafo de Las Puras, Antonio Sevillano, y por la calle de José Ángel Valente, para lo que hemos seguido las indicaciones anteriores. En el hall de entrada, nos llama la atención una imagen con tres protagonistas: la Purísima, en el centro, flanqueada por dos mujeres: son Beatriz de Silva y Teresa Enríquez, fundadora y benefactora de Las Puras, de las que ya os hemos hablado más arriba.

Accedemos a la primera gran joya de la visita: el claustro sur, un claustro porticado con un jardín en su interior. A mano derecha, cerrado al público, se encuentra el cementerio en el que reposan los restos de las monjas fallecidas, y que conserva un adintelado gótico original.

Adintelado gótico de la puerta del cementerio. | Tito S./QVEA

La iglesia, abierta al público en horario de misa

Desde el claustro sur, junto a la puerta del cementerio, se accede a la iglesia. Tiene la particularidad de que esta sí se abre al público normalmente, como iglesia que es, en los horarios de misa, pero sin que se pueda acceder desde allí al resto de las instalaciones del convento.

Se trata de una iglesia de una nave, llamadas “de cajón”, con dos capillas, una dedicada a la santa fundadora (Santa Beatriz de Silva) y otra privada de la familia Perceval. En el techo, se aprecia un artesonado de escayola que ha reemplazado el original mudéjar.

Retablo y talla de la Inmaculada Concepción. | Tito S./QVEA

El retablo más bonito de Almería

Pero lo que más llama la atención es el retablo mayor, de estilo barroco. Sin ser de grandes dimensiones, sí que está considerado como el retablo más bonito de Almería capital y uno de los retablos más bonitos de Almería provincia, junto con el de la Iglesia de la Encarnación de Vélez-Rubio o el de la Basílica de Oria.

La figura central es la Inmaculada Concepción, una imagen de una talla bellísima, de la escuela de Juan de Mena, que tiene tras de sí una historia un tanto curiosa. Y es que, durante la Guerra Civil, la imagen estuvo oculta en la casa de un magistrado junto a la imagen original de la Virgen del Mar (se hizo una copia de esta que fue quemada). Escoltan a la talla de la Inmaculada dos figuras de personajes desconocidos, y en la parte superior, la imagen de la fundadora, Santa Beatriz, y de San Francisco.

Completan esta Iglesia, que durante la Guerra Civil fue utilizada como lazareto, hospital, almacén y carpintería, una secuencia de cuadros, la mayoría de Antonio Bédmar del siglo XIX.

El coro bajo

El coro bajo, visto desde el interior de la iglesia. | Tito S./QVEA

Junto al altar, observamos a nuestra izquierda una reja que separa la Iglesia del coro bajo, punto desde el cual las hermanas pueden seguir la misa. A su lado, una pequeña puerta da acceso a la cratícula, espacio donde el sacerdote comulga a las monjas.

Para acceder al coro bajo, hay que salir de nuevo al claustro y seguir hacia la derecha. Subiendo unos pocos escalones, accedemos a esta sala, también visitable actualmente.

Refectorio

Nuestra siguiente parada se encuentra al otro lado del claustro, pasando la zona de la crujía, otro de los espacios más bonitos del convento. La crujía separa el claustro sur del septentrional y el obrador, que permanecen cerrados al público. El refectorio ha sido el comedor de las monjas de clausura hasta la apertura de la instalación al público.

En la puerta encontramos una lápida musulmana, encontrada en una de las remodelaciones que ha sufrido el convento. Dentro, una serie de pinturas realizadas por las propias monjas, las más antiguas de todo el interior y la mayoría ya deterioradas, y que representan diferentes escenas bíblicas.

Llama la atención un púlpito situado en uno de los laterales. Desde allí, cada día una de las monjas oficiaba los rezos en las comidas. Ahora, este espacio está abierto al público y las hermanas se han ‘mudado’ a otra estancia del convento.

Planta alta: celdas, sala capitular y coro alto

Salimos del refectorio y volvemos a la crujía. Ascendemos por unas estrechas escaleras de caracol que guardan la leyenda de una aparición del demonio a una monja que acabó tirándose por ellas. Otra opción para subir son las escaleras situadas junto a la puerta de entrada al claustro sur, con materiales originales y a mitad de las cuales podemos ver un ángel exterminador. Son por las que bajaremos más adelante, ya al final de la visita.

Una vez arriba, Encarni vuelve a saludarnos, ahora desde su celda. A lo largo de la galería se disponen las celdas en las que descansan las hermanas. La última de ellas ha quedado como muestra para que el visitante pueda ver cómo son estas pequeñas estancias para el descanso. Una habitación pequeña y sencilla, con apenas una cama, una mesita de noche y armario, forman todo el mobiliario de la misma. Junto a esta celda, una pequeña capilla a la que llaman ‘Oración del Huerto’.

Celda visitable en el Convento de Las Puras. | Tito S./QVEA
Celda visitable en el monasterio. | Tito S./QVEA

Continuamos hasta la Sala Capitular, un gran espacio de reunión para las monjas. En esta estancia es donde se realizan los nombramientos o donde se toman las decisiones más importantes para la comunidad.

Desde esta misma sala, y subiendo por unos pequeños escalones, llegamos al coro alto, visible desde la Iglesia en la parte superior, y en el que destaca la conservación del artesonado mudéjar original, así como un atril del siglo XVI.

Es en esta planta alta, y más concretamente en las últimas estancias, donde se concentra el mayor patrimonio de arte sacro. Los más destacados se encuentran en el coro alto, con representaciones en óleo de Teresa Enríquez y otras de San Francisco o Beatriz de Silva.

Coro alto del convento de Las Puras. | Tito S./QVEA
Coro alto del convento de Las Puras. | Tito S./QVEA

Un paseo por el entorno

Al finalizar la visita al Convento de Las Puras, podemos continuar nuestro paseo por el casco antiguo de Almería acercándonos a la Casa del Poeta Valente o la imagen de San Valentín de la Plaza Campoamor, ambas a escasos metros y en la misma calle. Otra opción es la de bajar a la Plaza de la Catedral, e incluso llegar a la Plaza Vieja por el norte.

En cualquier caso, una parada casi obligatoria en este paseo tenemos que hacerla en la Bodega Montenegro, saliendo en dirección hacia la Catedral y girando a mano derecha, en la Plaza Granero. Se trata de una de las bodegas más antiguas de la capital y no puedes irte sin probar su fabuloso arroz con pulpo o cualquiera de sus tapas de pescado, especialidades de la casa.

Historia, cultura, geología, cine, gastronomía, turismo activo y naturaleza se unen para que cada turista pueda identificarse con un rincón de la provincia por donde sale el sol andaluz

Espectaculares playas vírgenes, aguas cristalinas que esconden tesoros en sus fondos marinos, naturaleza en estado puro, un interior lleno de autenticidad, patrimonio histórico y artístico milenario, escenario de algunas de las mejores películas jamás rodadas, paraíso para del deporte al aire libre en cualquier época del año, el único desierto de Europa, excelencia gastronómica…, son solo algunas de las experiencias que el visitante podrá vivir en ‘Costa de Almería’, un destino que se adapta a cada viajero y donde puedes descubrir que ‘Hay una Almería en ti, la tuya’. 

Este es el lema de la nueva campaña de promoción que la Diputación Provincial de Almería ha puesto en marcha para difundir las bondades turísticas, versatilidad y variedad que el viajero encontrará en el destino ‘Costa de Almería’, uno de los más completos de todo el panorama nacional. Un enclave lleno de posibilidades para vivir experiencias únicas.

‘Costa de Almería’, belleza mediterránea

Faro de Roquetas de Mar.

‘Costa de Almería’ cuenta con más de 220 kilómetros de costa y, la mayoría de ellos, bañados por asombrosas e idílicas playas vírgenes como no se encuentran en ningún otro lugar de la Europa continental. Unas playas que permiten disfrutar de la estancia sin masificaciones, en pleno contacto con la esencia del Mediterráneo, cuya temperatura media del agua se sitúa cerca de los 20 grados y un sol que brilla en esta tierra durante 3.500 horas al año.   

La belleza mediterránea de ‘Costa de Almería’ no solo se detiene en la orilla, sino que, si nos sumergimos en sus fondos marinos, descubriremos asombrosos tesoros bajo el mar. El verano es una época ideal para adentrarse en cualquiera de los senderos que cobijan las entrañas del mar almeriense, ya sea en el Poniente, de Vera a San Juan de los Terreros o en el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. Las aguas cristalinas de estos enclaves dejan ver al buceador una extraordinaria vida marina o las praderas de posidonia. 

El turismo activo o deportivo es otra constante que se puede vivir en ‘Costa de Almería’ los 365 días. Además del buceo, se pueden practicar otras disciplinas acuáticas como kite, windsurf o surf. Sin dejar de lado la amplia oferta como destino de golf, rutas y senderos, travesías en 4×4 o en bici de montaña. Ya sea en instalaciones deportivas de primer nivel, en marcos naturales o al aire libre, no existe prácticamente una disciplina que no pueda ser practicada en la provincia de Almería.

Naturaleza y espacios protegidos

Turismo activo en la provincia de Almería.

La naturaleza en todo su esplendor, en su estado más auténtico, se convierte en otro de los puntos fuertes de esa Almería que habita en cada viajero. La provincia cuenta con 40 espacios protegidos, dos parques naturales, un parque nacional y dos reservas de la Biosfera. A esta amplia oferta se ha unido recientemente una joya natural: la geoda de Pulpí, la más grande visitable del mundo. 

El cinematográfico desierto de Tabernas en el que actores como Clint Eastwood se convirtieron en estrella, los karts de yeso de Sorbas o el Parque Natural Cabo de Gata–Níjar…, como algunos de los puntos ineludibles a descubrir en esta tierra, se complementan con el conocido como ‘cielo más limpio de Europa’ para disfrutar de la astronomía con el Observatorio de Calar Alto como emblema de esta relación. 

El sabor de una tierra que conquista en cada bocado

Mojácar pueblo.

La gastronomía almeriense se ha consolidado en los últimos años como una de las más creativas y sorprendentes del panorama nacional. A la excelencia que ofrecen los hosteleros de la provincia, con la tapa como protagonista, se suman las creaciones gastronómicas de las empresas almerienses que forman parte de ‘Sabores Almería’, la marca gourmet de la provincia impulsada por la Diputación de Almería.

Las empresas de ‘Sabores Almería’ transforman la mejor materia prima del mundo, la que se cultiva y exporta en los invernaderos de la provincia, la huerta de Europa, en exquisiteces que conquistan a los paladares más exigentes. Una forma original de conocer la provincia de Almería, todas sus comarcas y pueblos, es a través del talento de las empresas de ‘Sabores Almería’: aceites, cervezas, vinos, quesos, pescados y mariscos, salazones, frutas y hortalizas, encurtidos, jamones y embutidos, carnes, mieles…, nos permiten diseñar una ruta para degustar unas delicatesen que seducirán a todos los visitantes. 

Porque hay una Almería en ti, hay mil maneras de disfrutar del destino ‘Costa de Almería’, mil formas de conocer su patrimonio, hospitalidad, historia, y autenticidad, mil planes para disfrutar de su turismo sostenible de calidad adaptable a cualquier tipo de visitante y mil posibilidades de vivir una experiencia única, sorprendente e inolvidable, la tuya. 

Desde San Juan de los Terreros a la costa del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, las playas del Levante Almeriense son ideales para aquellos que buscan la tranquilidad

Las playas del Levante Almeriense son ideales para aquellos turistas y visitantes que buscan la tranquilidad, aguas cristalinas, e incluso una de las zonas nudistas más importantes de Europa. Desde Qué Ver en Almería os dejamos nuestra selección de playas en las aguas que baña el Mediterráneo desde Cabo de Gata hasta San Juan de los Terreros.

Playas del Levante Almeriense: Mar Serena en Pulpí
Mar Serena en San Juan de los Terreros.

Playa de Mar Serena (San Juan de los Terreros, Pulpí)

Mar Serena es la playa más concurrida de San Juan de los Terreros y no solo por su buena ubicación, en pleno centro del pueblo. Destaca por su arena fina su agua limpia y su escasa profundidad, lo que permite adentrarse decenas de metros sin que llegue a cubrir. Es ideal para ir con niños pequeños y además cuenta con todos los servicios, incluido un paseo marítimo con unos cuantos chiringuitos en los que disfrutar de la gastronomía costera: pescados, mariscos y demás platos típicos.

La playa es de muy fácil acceso y con abundante aparcamiento en un descampado al otro lado de la carretera (unas 1.000 plazas). Mar Serena se separa de Mar Rabiosa por un pequeño islote llamado El Pichirichi, donde los niños van a ver los cangrejos y saltar al mar.

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Cala del Peñón Cortado en Cuevas del Almanzora

Cala del Peñón Cortado (Cuevas del Almanzora)

Toda la costa de Cuevas del Almanzora, desde Pozo del Esparto a Palomares, está llena de pequeñas calas y tranquilas playas. Merece la pena coger el coche e ir viéndolas todas.

Pero si hay que elegir uno de esos pequeños rincones sería la Cala del Peñón Cortado. Es una playa de pequeñas dimensiones distanciada unos 5 kilómetros (apenas 7 minutos en coche) de Villaricos, en sentido Terreros. Se puede dejar el coche en una explanada junto a la carretera AL-7107 o bajar casi hasta la misma cala.

Es una cala tranquila debido a que las rocas frenan la fuerza del oleaje y además cuenta con zonas de sombra natural. Llama la atención el arco formado en una de las rocas, que conecta las dos partes de la playa formando casi una pequeña cueva donde se pueden tomar fotografías bellísimas. Hace unos años era casi desconocida pero ahora es más difícil estar sin compañía, lo que sumado a su escaso tamaño puede hacer que la experiencia sea peor.

Playas del Levante Almeriense: El Playazo de Vera
Baño nudista en El Playazo de Vera. | Rafael González

El Playazo de Vera

Todas las playas de Vera comparten un carácter urbano y un arenal amplio de unos 50 metros. Lo que diferencia a El Playazo del resto es que tiene una zona nudista de las más importantes de Europa. Y no es solo la playa, sino que las urbanizaciones y negocios también son naturistas, lo que llama la atención de quienes no conocen la zona.

Además cuenta con la única zona de ambiente LGTB de todo el Levante Almeriense (con pubs, apartamentos, chiringuitos…), lo que lo convierte en un destino predilecto para ese segmento. En cuanto a la playa, es ideal para tomar el sol sin ropa aunque los pudorosos también pueden ir a la zona textil a escasos metros.

Playas del Levante Almeriense: Playa Canela en Garrucha
Playa Canela en Garrucha.

Playa Canela (Garrucha)

Es la última zona de la playa de Garrucha en dirección a Mojácar, enfrente del Castillo de Jesús Nazareno. Es de arena de grano grueso, fácil de eliminar con una toalla. Al contar con un espigón suele tener menos oleaje que otras zonas, por lo que es la preferida de los niños pequeños. En las rocas, además, es habitual pescar.

Tiene chiringuitos y el paseo marítimo para ir andando a cualquier punto del pueblo. Por las noches se instala un mercadillo con artesanía y libros muy agradable para pasear. En Garrucha también es recomendable ver la subasta de la lonja de pescado a las cinco de la tarde y, cómo no, probar su gamba roja en alguno de sus muchos bares.

Playas del Levante Almeriense: Playa Venta Bancal en Mojácar
Playa Venta del Bancal en Mojácar

Playa de la Venta del Bancal (Mojácar)

Es difícil elegir una sola playa de Mojácar, ya que cuenta con 17 kilómetros de costa en los que hay desde playas vírgenes, como la del Sombrerico, hasta otras urbanas como es el caso.

La playa de Venta del Bancal (más conocida popularmente como la playa del Hotel Indalo) es la última en dirección Carboneras. Da inicio al paseo marítimo y está protegida por un espigón, lo que la resguarda de los temporales. Su arena es fina y color grisáceo, con un amplio arenal. Es el punto de inicio del paseo marítimo y tiene multitud de negocios. Muy cerca está una de las mejores heladerías de la zona (para gustos colores), que es la Gelateria Italiana Alberto.

Playa de los Muertos. | Ayuntamiento de Carboneras

Playa de los Muertos (Carboneras)

Es un clásico en todas las listas de playas almerienses, pero por méritos propios. Sus aguas cristalinas son una gozada para los sentidos y hacer esnórquel rodeado de peces es una experiencia por la que merece la pena “sufrir” bajando el sendero que separa el parking de la playa (unos 15 minutos por camino de tierra y piedras). Eso sí, es mejor ir con calzado cerrado, ligero de bultos (limitarse a una mochila y poco más) y con agua para soportar las altas temperaturas.

Una vez hartos de playa, uno no se puede ir de allí sin subir a ver la torre de Mesa Roldán (se accede por la carretera que hay enfrente del parking). Allí se rodaron escenas de Juego de Tronos y ofrece una increíble panorámica del Parque Natural de Cabo de Gata–Níjar.

Playa de Los Genoveses en Níjar. | Junta de Andalucía

Playa de Los Genoveses (Níjar)

Es una de las más famosas y bellas del Parque Natural Cabo de Gata–Níjar. Una inmensa bahía cerca de San José de dunas de arena fina y dorada. Las pitas enraízan en la arena y el agua es cristalina y limpia.

En temporada alta puede tener alta ocupación, si bien es una zona restringida al paso de vehículos privados (paso cortado de 11:00 a14:00 horas y de 16:30 a 18:30 horas y un pago de 5 euros en el resto de horas).

En esta playa de han rodado algunas películas, una de las más recientes es ‘Resucitado’, con Joseph Fiennes y ‎Tom Felton. Muy cerca está la también famosísima playa de Mónsul.

Historiadores, sastres, remanecientes de Padules, almerienses e implicados de diferentes ciudades de España, son quienes se han dedicado durante años a realizar una meticulosa investigación de lo ocurrido en 1570.

Esta recreación histórica de la Paz de las Alpujarras pretende representar un hito que tuvo lugar en Padules hace más de 400 años, cuando Al Habaqui, capitán del autoproclamado rey de los moriscos, Muley Abdallah Abén Boo, rinde armas y bandera ante Don Juan de Austria, capitán y hermanastro del rey más poderoso de ese tiempo, Felipe II.

Desfile de las tropas. | Alba O./QVEA
Desfile de las tropas. | Alba O./QVEA

Por este motivo, sus integrantes se reúnen en este pueblo cada primavera vestidos de moriscos y cristianos para representar el tratado de paz que dio fin a las guerras entre ellos en 1570. Este escenario de carne y hueso se convierte en un referente para muchos municipios de la provincia, ya que es una puesta valor por la recuperación de sus raíces.

Desde 2013, durante dos días el siglo XVI se apodera de cada rincón del municipio. Sus participantes se pasean orgullosos caracterizados de soldados, nobles y plebeyos. Perfeccionándolo año tras año, son cada vez más las personas que deciden colaborar en esta actividad.

Cómo llegar a Padules

Este pueblo alpujarreño es principalmente conocido por albergar Las Canales de Padules, un divertido recorrido que la naturaleza formado con pozas y caños originados por el río Andarax. Situado entre Canjáyar y Almócita, para llegar al destino se debe coger la A-348 desde Benahadux, en dirección Alhama de Almería, continuando por esta carretera hasta llegar al cruce que indicará la entrada al pueblo. Padules se sitúa a tan solo 50 kilómetros de la capital y unos 50 minutos aproximadamente desde Almería.

¿Qué pasó en la Alpujarra en 1570?

Los padulenses eran conocedores de que la cruz situada en su pueblo tenía un significado histórico detrás. Una vez comenzó su restauración, vecinos del pueblo comenzaron a ponerse en contacto con historiadores con el fin de desvelar la historia de la Alpujarra y de Padules.

Tras una exhaustiva recopilación, descubrieron que la cruz recibía el nombre de Juan de Austria porque Padules había sido el territorio elegido por Don Juan de Austria para implantar su campamento en la guerra contra los moriscos, los cuales se sublevaron en 1568.

Sin embargo, D. Juan de Austria llegaba en 1560 a este pueblo con el objetivo de conseguir un acuerdo de paz, o de lo contrario, vencer a los moriscos. Dos caminos totalmente distintos que podrían haber cambiado el rumbo de la historia, aunque finalmente fue un día de 1570 cuando D. Juan de Austria y Muley Abdallah Abén, rey de los moriscos, pusieron fin a una guerra que estaba desabasteciendo estas tierras.

La base fundamental de la Paz de las Alpujarras es su rigor histórico, ya que todo lo que se expone durante ese fin de semana ha sido supervisado por historiadores y especialistas en materia del siglo XVI.

No hay límite edad para formar parte de esta familia, de hecho, la diferencia de edad, interracial y cultural, posiblemente sea lo que le haga especial.

La Paz de las Alpujarras: actividades durante el fin de semana

Campamento Don Juan de Austria. | Alba O./QVEA
Campamento Don Juan de Austria. | Alba O./QVEA

Para conseguir semejante celebración repleta de actividades, conciertos y desfiles, todo el pueblo trabaja duro durante el año para que esos días el medievo consiga instalarse en Padules sin dejar ningún detalle al azar.

El desfile de tropas desde la entrada del pueblo hasta la Plaza de la Iglesia, se considera la apertura de este ansiado fin de semana.

Tras llegar a la plaza, se da la bienvenida de mano del alcalde, agradeciendo a todos los visitantes y contribuyentes su presencia. Veteranos y principiantes, sin distinción entre ellos, representan varios bailes medievales con vestimentas acordes al siglo XVI. Cabe señalar que, para poder participar en la recreación, los trajes deben ser obligatoriamente confeccionados por sastres de costura encargados de imitar patrones originales.

Seguidamente, las tropas y el resto de asistentes se dirigen a la apertura del campamento D. Juan de Austria, donde durante la jornada se llevan a cabo actividades adecuadas para todas las edades, dando cabida al entretenimiento y la enseñanza. Toque de tambores, exhibiciones militares, pequeñas escaramuzas, un armero, las damas, o el propio pintor de la corte, son algunas de las recreaciones a contemplar.

Talleres de la época. | Alba O./QVEA
Utensilios de la época.| Alba O./QVEA

En el campamento que solamente cierra a mediodía y durante la noche se pueden presenciar exhibiciones como: la lectura del bando de Santa Fe; disciplina de picas y tiro con arco entre tropas cristianas y moriscas; variedad de talleres de vida cotidiana del siglo XVI (esparto, cocina, cetrería, ordeño de animales…).

Es abrumador como el realismo se apodera del campamento a modo de una acogedora ciudad que en su entonces se disponía para alimenta al ejército de D. Juan de Austria. En definitiva, un homenaje a lo que pudo ser Padules en 1570.

Al día siguiente, el pueblo se despierta con la diana floreada a cargo de la Banda de Guerra del tercio de D. Juan de Austria, dando lugar de nuevo a la apertura del campamento para la jornada del domingo.

Acto de rendición

Este hito está basado en los libros históricos de los historiadores de la época, Ginés Pérez de Hita y Mármol de Carvajal, quienes plasmaron todo lo que sucedía en ese momento en el campamento cristiano situado en el Real de Los Padules del Andarax.

Gracias a su narración se descubre que los moriscos capitaneados por Al Habaqui, interlocutor de Muley Abdallah Abén Aboo, rinde arma y bandea ante Don Juan de Austria, capitán y hermano del rey de España en ese tiempo, Felipe II. De esta manera, D. Juan de Austria finalmente opta por regalarle un anillo al rey de los moriscos debido a su gesto de rendición, llegando así al acuerdo de paz que ponía fin a tres años de guerra.

La Paz de las Alpujarras, un evento conocido a nivel nacional

Desde que Padules emprendió esta exitosa idea, atraídos por el tema han contactado con los organizadores para participar en este festejo. Desde Almansa, Zaragoza, Madrid o Granada, se trasladan grupos a colaborar, enfundarse en elaborados trajes y divertirse recreando el sigo XVI.

Padules se caracteriza de otras ciudades por la posibilidad de representar a los moriscos, debido a que eran la base fundamental de los que vivían en este pueblo alpujarreño, además de turcos, que aparecieron con el fin de ayudar a los moriscos en la guerra contra Felipe II.

Recreación de La Paz de las Alpujarras. | Alba O./QVEA
Recreación de La Paz de las Alpujarras. | Alba O./QVEA

Se debe tener en cuenta para aquellos interesados en acudir, que exceptuando la rendición que si conlleva preparación (representación de varios textos teatralmente), no es su objetivo hacer teatro, sino revivir y recrear un hito histórico de la forma más placentera posible.

Broche final a las jornadas

Además, este pueblo destaca en la Alpujarra por ser uno de los más elegidos por sus bares y restaurantes. Unas tapas o un buen solomillo a la brasa del restaurante ‘Barroso’ puede ser un buen plan para poner el broche final a estas jornadas.

La Paz de las Alpujarras podría considerarse la oportunidad idónea para visitar este municipio. Quién sabe si serás el próximo en participar en este acontecimiento cuya magnitud solo va en aumento.

Canjáyar se proclama por ser conocida nacionalmente como la fuente de aceite de la provincia de Almería. Es complicado que algún almeriense no conozca La Almazara de Canjáyar, uno de los mayores productores de aceite de oliva virgen extra. Sin embargo, este municipio alpujarreño cuenta con numerosos rincones atrayentes que merecen la pena visitar. La Iglesia de la Santa Cruz del Voto, la Ermita de San Blas, o el museo abierto Historia de la Villa de Canjáyar, son alguno de ellos.

Remaneciente de la cultura andalusí, este pueblo de la Alpujarra Almeriense mantiene su legado entre la agricultura y sus costumbres populares. Canjáyar se considera uno de los pueblos con un pasado ligado a la riqueza que proporcionó la uva, considerándose así un municipio que gozaría de cierta importancia durante esa época.

Cómo llegar a Canjáyar

Con poco más del millar de habitantes y rodeado por Padules y Ohanes, Canjáyar es un municipio situado en la comarca de la Alpujarra Almeriense. Para llegar hasta este destino se debe coger la A-348 desde Benahadux, en dirección Alhama de Almería, continuando por la misma carretera hasta llegar a una de las dos entradas del pueblo. A tan solo 47 kilómetros de la capital, se llegaría a vuestro destino en 45 minutos aproximadamente.

Qué ver en Canjáyar

La primera impresión de este pueblo de la alpujarra nos muestra sus rasgos de origen morisco, detectable en sus calles, arquitectura de antaño y sus casas escalonadas. En Canjáyar el punto de encuentro es la Puerta del Sol. Lejos de parecerse a la de Madrid, se trata de un pequeño cruce desde donde gusta partir a sus transeúntes y habitantes. Una vez encauzado el paseo, a pocos metros se encuentra la Plaza de la Constitución, el centro neurálgico del pueblo.

Una plaza prominente donde se levantan el Ayuntamiento a un lado y la Iglesia de la Santa Cruz del Voto a otro, separados a su vez por una alta fuente. Una plaza en la que Canjáyar disfruta de sus grandes acontecimientos.

La Iglesia y las fiestas de la Santa Cruz

Aparentemente similar a otros templos religiosos por su arquitectura, esta Iglesia solo abre un día al año una de sus dos puertas. Bautizada como la puerta del Ángel. Esta solo se abre el 19 de abril, día de celebración de la Santa Cruz del Voto. Situada en el centro del pueblo, contiene una de las joyas de Canjáyar, su patrona la Santa Cruz.

Templete de la Cruz Blanca. | Qué ver en Canjáyar
Templete de la Cruz Blanca. | Alba O./Canjáyar
Iglesia de Santa María del Voto. | Qué ver en Canjáyar
Iglesia de Santa Cruz del Voto. | Alba O./QVEA

La festividad comienza con el culto religioso ya desde el mediodía, pero sacando a la imagen del Ángel al anochecer en procesión hasta el Templete de la Cruz Blanca. Es en ese momento cuando solamente se abre la puerta del Ángel, ya que para el resto de ocasiones se emplea la puerta principal.

Cuando escuchas Cruz Blanca no imaginas ese reluciente templete blanquecino en una de las entradas del pueblo. Esta cúpula digna de presenciar está en pie desde 1996 y la corona una cruz. No mucho tiempo atrás, el ángel portaba un fajín rojo lleno de donaciones, pulseras y rosarios con promesas de sus devotos. Sin embargo, este tuvo que ser retirado para proteger el bienestar de la imagen.

Tras disfrutar de un día señalado para el pueblo, al siguiente día tras la misa solamente se desplaza la imagen de la Santa Cruz hasta la Ermita del Cerro San Blas, donde el clérigo procede a bendecir los campos desde un diminuto mirador que hay en el cerro. En su vuelta a la Iglesia, se planta la Santa Cruz para que sus devotos puedan besar la imagen y pedir un deseo.  

Al entrar a esta Iglesia del siglo XVI los ojos van directos al frente, entre colores dorados y un rojo pasión, el altar alumbra un brillo que acapara tu atención. Conforme avanzas, destaca del resto de iglesias una hornacina que envuelve el ángel sobre el altar. Desprende una luz especial, se podría decir que tanto esa iglesia como sus imágenes son especiales.

La historia de Canjáyar narrada por su Museo Abierto

Qué ver en Canjáyar a través de su Museo Abierto
Museo Abierto de Canjáyar. | Alba O./QVEA

En el camino de la Plaza de Abajo a la Plaza de Arriba, una serie de paneles cerámicos atraen la atención contando algunos de los episodios más representativos de la historia del pueblo. Esta colección artística distribuida al aire libre se inauguraba en el año 2006 durante la celebración de sus fiestas patronales.

Este Museo Abierto tiene su punto de inicio en el Ayuntamiento, situado en la Plaza de la Constitución, y continúa a pie de calle por sus principales plazas y fachadas, siguiendo así un orden cronológico. De esta forma, estos 22 murales narran los fundamentales acontecimientos, personajes y monumentos del municipio a través de narraciones históricas y pinturas.

Esta Plaza Nueva, a la que los canjilones llaman Plaza de Arriba tiene aroma a uva, y no porque huela a tal, sino por su ambientación parralera. Luce un monumento esculpido de un parralero en honor a este trabajo al que muchos se dedicaron durante esa época. Estas faenas eran típicas en Canjáyar y en toda la zona del Andarax.

Balsa de la Pará

Continuando el paseo por las calles de este municipio llegando a su calle principal de nuevo se encuentra su antiguo lavadero. En la mayoría de los pueblos de la comarca estos arrastran agua e intentan conservarlos manteniendo su esencia intacta sin aparente reforma, procurando no perder ese encanto de aquel lugar donde se reunían las mujeres para hacer la colada y sobre todo echar un buen rato de charla.

Justo a su lado se encuentran unas escaleras que desembocan en la Balsa de la Pará, una balsa en medio del pueblo que sigue con agua y juega un papel importante cada año. No es común toparse una embarcación de este tipo de forma tan cercana. Sin embargo, podría ser un regalo para aquellos que visiten el pueblo, ya que desde allí se puede divisar el pueblo en su totalidad.

El 14 de septiembre esta balsa pasa a tener un papel trascendental, debido a la Fiesta del Agua. De nuevo proceden a sacar la Santa Cruz durante una procesión que esta vez llega hasta el antiguo convento, hoy residencia de la Tercera Edad. Una vez finalizada la procesión, se disponen a soltar el agua de esta balsa para desembocar en forma de rías por sus calles, simbolizando que ese preciso año se ha llevado a cabo una afable cultivación.

Ermita de San Blas

Ermita de San Blas. | Alba O./QVEA

Una vez recorrido parte de este municipio, ya sea en coche o andando durante un rato más, se puede llegar al cerro de San Blas donde se encuentra su ermita. La Ermita de San Blas, en pie desde 1880 ,tiene aspecto de pequeño castillo debido a sus dos torres de campanario.

Durante el tiempo que la Iglesia estuvo reformándose, fue el lugar de celebración de las bodas. Canjilones y forasteros suben cada 20 de abril al cerro para la procesión, siendo esta la única vez que se abre la ermita durante el año. Allí también se encuentra el Mirador Manuel del Águila, desde donde se puede contemplar Canjáyar y alrededores.

Tras visitar la ermita y bajar de nuevo hacia el pueblo a escasos metros se encuentra una recogida Casa Cueva, dispuesta como museo y punto de información turística. Disponible desde 2014, este acogedor recopilatorio muestra a través paneles históricos, trajes tradicionales y diferentes obsequios que podrían considerarse reliquias. Es un buen plan para aquellos que no quieran irse sin saber todos los detalles de la historia de este municipio.

Barriada de Alcora

Además, Canjáyar cuenta con la Barriada de Alcora. Es recomendable coger el coche para desplazarse hasta allí ya que se sitúa a 4 kilómetros del núcleo del pueblo. Para sus escasos habitantes esta barriada es su hogar. Aunque perteneciente a Canjáyar, ellos afirman remanecer de Alcora cuando se les pregunta. Pasear por allí transmite el contacto con la naturaleza, niños jugando, cortijos con sus enredaderas y bastante tranquilidad. No obstante, el 24 de mayo tienen sus propias fiestas en honor a María Auxiliadora.

Los merengues con más recorrido de la provincia

Merengues de Canjáyar. | Alba O./QVEA

El paseo por Canjáyar empieza a llegar a su fin. Sin embargo, hay una parada obligatoria antes de dejar el pueblo. La mayoría de sus visitantes pasan por la pastelería Delicias de la Alpujarra, local situado en el corazón del pueblo que se dedica a vender por toda la provincia e incluso fuera sus delicias de azúcar, clara de huevo, merengue y limón. Este negocio familiar de más de 110 años lleva, junto a sus merengues, a Canjáyar por bandera.

Toda ruta necesita recargar fuerzas y si alguno no se ha animado a comprar merengues, cerca del punto de inicio del paseo se sitúa el Bar Joaquín, con una pequeña terraza al aire libre. Una tapa de pulpo a la gallega o una buena costilla se convierten en las opciones favoritas para sus comensales. Dado el clima que suele gozar Canjáyar, cualquier día libre le hace un destino apetecible para descubrir, siendo además sus fiestas patronales una oportunidad para conocer sus costumbres entre jolgorio y armonía.

El Museo del Esparto es una de las señas de identidad de El Contador, localidad perteneciente al municipio de Chirivel, situada a los pies de la sierra de María, en el límite con la provincia de Granada por la A92-N. El esparto, un material que ha sido importantísimo en la agricultura, ganadería y economía de la comarca de Los Vélez, fundamentalmente desde el siglo XVIII y que tiene su propio espacio por descubrir en esta localidad. No en vano es el museo del esparto más importante del mundo.

Cómo llegar al Museo del Esparto de Chirivel

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Al acceder a la localidad de El Contador, tras dejar la autovía (salida 76 si se llega desde Vélez-Rubio y la 82 si se viene desde Granada), todas sus calles te llevan al centro de la localidad. La plaza de San Antonio es un amplio espacio ovalado por el que pasa toda la vida del centenar de vecinos que llenan sus casas. Es el centro neurálgico desde el que parten las calles que conducen al lavadero y al teleclub, a la Iglesia, a la escuela, a la panadería, a las eras y siguiendo por la calle Ballesteros hasta el Museo del Esparto.

Plaza de San Antonio en El Contador. | Lázaro Martínez/QVEA

Un rincón en Los Vélez ideal para descansar

Este pequeño rincón de Los Vélez es un lugar ideal para descansar, salir de la vorágine del trasiego diario, del ruido y pasar unos días tranquilos. Este remanso de paz permite desconectar y deambular por sus calles en silencio, roto a veces, por el sonido de los cencerros de algún rebano de ovejas y cabras; o pasear por un bosque de encinas y dehesas por la carretera de la Tala y Asprillas, un bonito recorrido a la salida del pueblo, pero lo que no se puede dejar de visitar es una de las señas de identidad que atesora, el Museo del Esparto. Centro que recoge la vida tradicional del municipio y su entorno, donde el esparto ha representado, en la vida del hombre un complemento muy importante para su quehacer diario en cuanto a la vestimenta, el calzado o el transporte.

El esparto en Los Vélez

Planta del esparto. | Lázaro Martínez/QVEA

La orografía montañosa y las llanuras hacen posible una gran cantidad de paisajes, así como el clima frío y húmedo en invierno y caluroso y seco en verano condicionan la presencia de especies animales y vegetales. En la Comarca de Los Vélez en general y en Chirivel y su entorno en particular, se han recolectado plantas como el tomillo, el romero o el espliego para la extracción de esencias aromáticas para su uso medicinal, de ahí la existencia de alambiques por toda la comarca para la extraer la esencia.

Sin embargo, tendrá un papel predominante la recolección del esparto, planta que ha acompañado a los vecinos de la zona desde le prehistoria hasta la mitad del siglo XX. En el siglo XVIII se intensificó la recolección de esta planta en Chirivel debido a la revalorización que tuvo, convirtiéndose en fuente de trabajo y vida de sus habitantes.

Esta planta se caracteriza por tener hojas foliformes arrolladas llegando a medir hasta un metro de longitud. Su cultivo se da fundamentalmente en la mitad meridional de la península. En España su mayor presencia se da en el sureste, destacando las provincias de Almería, Granada y Murcia, aunque también se da en Valencia, Ciudad Real y Albacete. En Chirivel se dan las condiciones idóneas para su desarrollo.

El Museo del Esparto de Chirivel

Diferentes tipos de utensilios hechos con esparto. | Lázaro Martínez/QVEA
Garrafa enguitada. | Lázaro Martínez/QVEA

Todo este mundo, en el que los habitantes del medio rural han utilizado esta planta de la familia de las gramíneas, se refleja en el Museo del Esparto. Situado en una antigua casona, el museo consta de una sala en la que recogen piezas de todo tipo labradas a mano con las fibras obtenidas de esta planta silvestre.

En su interior se pueden contemplar diferentes tipos de utensilios como albardas, barjas, capazos, garrafas enguitadas, esparteñas y la reproducción de un pajar, con todos sus aperos. Además de una muestra de diferentes tipos de trenzados como el cordel, la guita, la soga de ramales, la guita retorcida, rabo de gato, la técnica de clineja o la pleita, así como diferentes paneles explicativos sobre la historia del esparto y su evolución.

El esparto supuso para esta sociedad una materia prima que servía para los quehaceres diarios tanto de la agricultura y la ganadería. Desde los tiros que se utilizaban para la labranza, contenedores para el trasporte de mercancías: aguaderas, capazos, espuertas, sembraderas. Para el uso doméstico también tenía su importancia como es el caso del empleo de cordeles para los asientos de las sillas, las esteras para limpiarse los zapatos o el uso de las esparteñas.

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Para visitar el Museo del Esparto hay que ponerse en contacto con el Ayuntamiento de Chirivel para concertar día y hora. El teléfono de contacto es el 639394465

Qué ver en El Contador

Iglesia de San Antonio de Padua en El Contador. | Lázaro Martínez/QVEA

Además del Museo del Esparto, en nuestro paseo por la pedanía de El Contador hay que hacer parada obligatoria en la Iglesia Parroquial de San Antonio de Padua, erigida en 1900. El edificio, de estilo historicista popular, es de finales del siglo XIX y se construyó sobre una antigua ermita de principios del 700.

Cuando hace su llegada el invierno, justo unos días antes de Navidad, podemos asistir a las peculiares misas de gozo en las cuales una pequeña “cuadrilla” de músicos interpreta las diferentes partes de la eucaristía. Estas misas se realizan de madrugada antes de la salida del sol y suelen terminar con un baile en la plaza del pueblo. En la misa del gallo, en Nochebuena, la “cuadrilla” vuelve a interpretar sus coplas entre las que destacan los antiquísimos aguinaldos junto con las parrandas, seguidillas, jotas y malagueñas…

Dónde comer tras visitar el Museo del Esparto de Chirivel

Para retomar fuerzas después de la visita hay que hacer parada obligatoria en el Teleclub donde se pueden degustar toda clase de comidas caseras, siendo típico el arroz con cabeza de cordero para la fiesta de San Antonio. También se puede descansar en un pequeño hotel rural la Casona de Don Bruno. Una mansión restaurada del siglo XIX con piscina cubierta y jardines.