El Centro de las Culturas del Mediterráneo en Benahadux hace un paseo por la ciudad ibera de Urci y las distintas poblaciones que la ocuparon
La existencia en el entorno de la localidad de la antigua Urci ha hecho que, a lo largo de la historia, las diferentes culturas del mediterráneo hayan hecho parada en lo que hoy en día es Benahadux.
Fruto de ese paso, y de las relaciones que surgieron entre estas sociedades antiguas, paro también para mostrar los resultados de las excavaciones que se llevaron a cabo durante los años 70, en 1999 fue inaugurado este Centro de Interpretación de las Culturas del Mediterráneo en Benahadux.
Fachada del Centro de Interpretación de las Culturas del Mediterráneo en Benahadux. | Tito S./QVEA
Cómo llegar al Centro de las Culturas del Mediterráneo en Benahadux
Llegar al Centro de Interpretación de las Culturas del Mediterráneo de Benahadux no tiene pérdida, ya que se encuentra en la msima rotonda de entrada a la principal calle de la localidad, la avenida 28 de Febrero. Tanto desde la N-340a, desde Almería o Rioja, como desde la A-308 desde la Alpujarra, la gran glorieta de bienvenida al municipio acoge este espacio museístico, situado junto a la Policía Local y el Centro Cultural.
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Una vez en este centro de interpretación, lo que encontraremos será un repaso por las diferentes culturas referentes en el mar Mediterráneo en la Antigüedad y su influencia en Urci y otros núcleos poblacionales de la provincia almeriense en estos siglos protohistóricos. También conoceremos los trabajos que se han realizado en el yacimiento arqueológico de El Chuche y el estilo de vida de la sociedad urcitana e ibera.
El museo se divide en dos plantas. En la baja, se nos presentan a las diferentes culturas que habitaron la provincia de Almería en esta época antigua: desde la población autóctona ibera (bastetanos) a los fenicios, cartagineses, griegos y romanos que llegaron a las costas almerienses y fundaron nuevas ciudades.
Un juego para poner en práctica lo aprendido en la visita. | Tito S./QVEA
Igualmente, se presentan algunos de los asentamientos ibéricos de la provincia de Almería, como La Cerrá en Tíjola, Alba Bastetanorum (Abla), El Chuche en Benahadux o El Cerrón en Dalías. También ciudades fenicias, como Abdera (Adra) o Baria (Villaricos).
Junto con un vídeo explicativo que veremos al inicio de la visita, esta planta baja sirve como introducción al mundo ibérico y antiguo, explicando además cuáles eran los trabajos más frecuentes y mostrando ejemplos de hallazgos en El Chuche como una hoz y un cuchillo, un peine de marfil o vértebras de pescado.
Telar. | Tito S./QVEA
Un recorrido por la Urci ibera
Terminada la visita en la planta baja, subimos a la planta alta por las escaleras situadas junto a la entrada. Arriba, el espacio se divide en tres estancias.
La sala principal está dedicada al entorno y las excavaciones realizadas en El Chuche. En esta misma sala encontramos una muestra del ámbito doméstico y aprendemos cómo eran las construcciones y las casas iberas, así como los trabajos que desempeñaban estas poblaciones.
En el resto, aprenderemos algunos detalles sobre la lengua de los iberos y también sobre las creencias de la muerte, lugares de culto y rituales funerarios.
Yacimiento Arqueológico de El Chuche
El Chuche es una barriada de Benahadux, a un par de kilómetros del casco urbano, en el que encontramos un yacimiento arqueológico declarado Bien de Interés Cultural.
Tuvo ocupación desde época prehistórica hasta el periodo tardorromano, y algunos autores identifican este lugar con el oppidum ibero de Urkesken (Urci), que llegaría a emitir moneda en el siglo II a. C. en su propia ceca, lo que reafirmaría su importancia.
Se extendía por los cerros del Paredón, las Agüicas y Enmedio, entre lo que hoy son los municipios de Benahadux y Huércal de Almería. Su situación elevada en el cerro del Paredón permitiría a esta sociedad ibera controlar el valle del Andarax y su desembocadura, que en esta época formaría un golfo más hacia el interior, así como la vega del río y las sierras de Gádor y Alhamilla para la caza o el suministro de metales, frutos o madera.
Recreación de una casa ibera en el Centro de las Culturas del Mediterráneo. | Tito S./QVEA
En este yacimiento aparecieron restos de cerámica hecha a mano, construcciones en piedra, un hexadracma (moneda griega) hispano-cartaginés, cuchillos, una falcata, pesas de telar, fusayolas o fragmentos de ánforas, ollas o cuencos.
¿Cómo era una casa ibera?
En esta primera sala, además de aprender sobre el proceso textil, podemos ver cómo era una casa ibera, con una recreación de la estancia principal con réplicas de elementos encontrados en estas excavaciones, como el hogar central, ánforas o tinajas.
Una de estas ánforas esconde un ‘tesoro’: la única imagen encontrada de la diosa Tanit. Se puede ver en uno de los laterales del ánfora, bajo el asa. La visión se refuerza con un espejo situado justo tras el asa. Una diosa Tanit que es, por cierto, y a raíz de este descubrimiento, en uno de los símbolos de Benahadux. Puede verse una escultura dedicada a esta en la carretera de El Chuche.
Detalle de la diosa Tanit en una de las ánforas. | Tito S./QVEA
Resto de estancias superiores
En las otras dos salas de esta planta alta del Centro de Interpretación de las Culturas del Mediterráneo en Benahadux, encontramos, por un lado, referencias a la cultura de la muerte, y, por otro, a la lengua de los iberos.
La primera, en la sala situada más al fondo, de pequeñas dimensiones, se nos presentan las creencias de los iberos, con referencias a los dioses, entre los que se cita precisamente a la diosa cartaginesa Tanit. Aquí encontramos, además, una falcata, doblada tras la muerte de su propietario.
Reproducción del tholos de Los Millares. | Tito S./QVEA
En la sala más amplia, podemos observar una maqueta a escala del tholos de Los Millares. Esta sala se completa con un espacio dedicado a los Amigos del Museo, que irá destinado a exposiciones temporales.
Dónde comer tras la visita
Una vez finalizamos la visita al Centro de Interpretación de las Culturas del Mediterráneo, podemos salir hacia la calle principal de Benahadux, la avenida 28 de Febrero. Bajando por la calle, a muy pocos metros, encontraremos la Bodega Andarax.
Con más de 3.000 horas de sol al año, la provincia de Almería al completo destaca por la calidad de vida de sus habitantes
Hay hechos objetivos indiscutibles como que los más de 8.000 kilómetros que componen la provincia de Almería disponen al año de un total 3.305 horas de sol, haciéndola destino indiscutible para los amantes del buen tiempo. Sin embargo, los rayos de sol no son solo un elemento característico de la época estival, caracterizada por largas jornadas de sol y playa, sino que es posible disfrutar del Lorenzo también en invierno, con un termómetro que llega a los 20 grados en el mes de diciembre.
Este clima ofrece al visitante un sinfín de posibilidades para conocer y descubrir una provincia para todos. Almería, gracias a su localización geográfica, permite pasar de rozar la orilla de playas paradisiacas con la punta de los dedos a notar el frío aire de las montañas en apenas una hora de trayecto.
Laujar de Andarax, hermoso rincón de la Alpujarra almeriense.
Por todo ello, la Diputación Provincial de Almería ha lanzado la campaña de promoción del interior del destino ‘Costa de Almería’ bajo el lema ‘Almería, el sol que necesito’. Con ella la institución subraya la excelencia de una tierra llena de contrastes, de historia, cultura, arte, tradición, gastronomía y autenticidad, con un interior sorprendente del que se puede disfrutar de forma especial en esta época del año, un destino con un plan que se ajusta a las necesidades de cada viajero donde vivirá una experiencia irrepetible.
En este sentido, con la paz y tranquilidad como ingredientes indiscutibles de la vida en este territorio, Almería es uno de los lugares abanderados del ‘slow life’ ; una forma de disfrutar la vida en la que, además del frenetismo de las actividades diarias, se halla siempre un momento para contemplar la belleza de un lugar único en el mundo capaz de combinar elementos artísticos de diferentes épocas y culturas y de mostrarse al mundo de una forma natural, ofreciendo al visitante paraísos únicos de aguas cristalinas en el Mar Mediterráneo.
La calma y la tranquilidad que mecen las olas o el arrullo del viento que recorre espacios naturales únicos en la alta montaña son algunos de los atractivos que hace que miles de personas decidan llegar al sur de España para conocerla.
Recordar Almería es rememorar atardeces y no las agujas del reloj, es aprender a contar momentos y no minutos.
Paso de civilizaciones y pueblos
En este sentido, la provincia cuenta con un patrimonio que da fe del paso de diferentes civilizaciones y pueblos atraídos por sus bondades dejando a su paso un reguero cultural que pervive a día de hoy y que es posible contemplar a través de las iglesias repartidas por todo el territorio, que no restan, sin embargo, importancia a escenarios y parajes naturales como el Desierto de Tabernas o el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar.
La peregrinación hacia lugares de culto repartidos por el interior de Almería se ha convertido en un atractivo turístico digno de compartir. Destacan, en este sentido, la peregrinación del Cristo de la Luz, en Dalías, que reúne cada año a miles de personas llegadas desde distintos puntos de dentro y fuera de la provincia. Esta cita es una de las más multitudinarias, pero no es la única, ya que las romerías están muy presentes en las localidades almerienses.
Joyas patrimoniales de belleza indescriptible como el Castillo Palacio de Vélez-Blanco, del Renacimiento Español, que mandó construir a principios del siglo XVI y sobre los restos de una alcazaba árabe el Marqués de Los Velez, Pedro Fajardo Chacón también dan fe de la historia de una provincia que no tiene miedo a mirar hacia atrás.
Uno de los museos de Terque que recrea la historia reciente de Almería.
Así, el pequeño pueblo de Terque, situado entre los ríos Andarax y Nacimiento y que no llega a 400 habitantes, se ha convertido en uno de los lugares referentes en turismo etnográfico mostrando a las generaciones actuales parte de la memoria colectiva y rural de Almería. Los Museos de Terque suponen un complejo formado por cinco instalaciones: Museo Etnográfico, Museo Provincial de la Uva del Barco (cultura parralera almeriense), La Modernista (tejidos y vestimenta) y el Museo de Escritura Popular, además de la Cueva de San José, un espacio dedicado a exposiciones, conferencias y conciertos.
Tal es orgullo de los almerienses por su pasado que, en los últimos años, han proliferado considerablemente el número de recreaciones históricas en localidades y municipios almerienses poniendo de manifiesto y ofreciendo la visión histórica de hechos que marcaron el presente de Almería.
Observatorio de Calar Alto.
En este sentido, destacan las recreaciones de Macael con los Canteros y Caciques, aunque, en los últimos meses la teatralización histórica ha llegado también a municipios como Fondón. O la recreación de la Paz de las Alpujarras que cada año reúne a cientos de visitantes en la localidad de Padules para contar la Rebelión de los Moriscos en la comarca durante el siglo XVI. O la de los Reyes Católicos en Fiñana, entre muchas otras.
Tal es el favor de las coordenadas geográficas hacia Almería que desde alguno de sus puntos más altos es posible contemplar las estrellas en todo su esplendor, ofreciendo espacios como el observatorio de Calar Alto desde donde se admira el universo. Y no es esta la única instalación vinculada a la astronomía, en Los Filabres se halla también el Planetario de Serón, un espacio científico enfocado a la difusión del conocimiento a pequeños y mayores.
Una forma única de vivir
Aprender a contemplar la vida bajo el brillo radiante del sol o convivir a diario con el murmullo de las olas ha definido considerablemente el carácter de los almerienses con una forma de ser abierta y alegre en la que florece el talento y donde los recuerdos no son de color sepia, sino que llevan impregnados colores vivos y brillantes.
Es por ello que las opciones de ocio no pueden faltar en un territorio engrandecido por sus gentes y su forma de vida basada en disfrutar de espacios naturales y de una gastronomía hecha con productos propios de kilómetro 0 y cercanía; de origen almeriense y que es posible consumir en todo el mundo a través de la marca gourmet de Diputación ‘Sabores Almería’.
Los almerienses no pueden sino disfrutar de los callejones de cada localidad, de los yacimientos históricos, iglesias, las casas señoriales de la Alpujarra o los paisajes de pueblos blancos del Levante o del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar.
Es imposible no ver una calle transitada en cualquier época del año porque el clima ha hecho a los almerienses y les ha otorgado también aquello que les define: el sol, el sol que necesitas.
El sol llega hasta las entrañas de una provincia con los secretos de la naturaleza escondidos en su interior; una forma espectacular de conocer su singular historia y sus antepasados
Hasta el interior, escondido bajo las ramas de árboles o tras formaciones rocosas que permiten recorrer con certeza el pasado, llegan también los rayos de sol característicos de una provincia en la que los nubarrones pasan de largo. Más de 3.000 horas de sol al año para disfrutar de las entrañas más hermosas y aventureras de una provincia, en la que el paso de tiempo ha dejado su impronta.
Recorrer Almería supone también reencontrarse con uno mismo, con la parte más indómita, esa con la que no estamos acostumbrados a tratar. En este sentido, la provincia ofrece incontables posibilidades. El turismo activo nace con el objetivo de poner sobre la mesa planes e iniciativas diferentes en las que el sol es un secundario que no hace sino aportar belleza a los miles de atractivos con los que cuenta el interior almeriense.
Así, el interior almeriense permite hacer tantas actividades como imaginación tenga el visitante, bajo la estela de un paraje único; con castaños centenarios hasta senderos de agua. La Alpujarra, Los Filabres, Sierra Alhamilla, Sierra Nevada, María-Los Vélez o Sierra Cabrera parecen ofrecer sus virtudes dejando al turista la elección de conocerlas mejor a través de la edad de sus bosques o por medio de la historia que deja el reguero de agua que sigue ejerciendo de banda sonora en muchos pueblos junto con el silencio y la tranquilidad.
Todos estos espacios son abrazados por ese sol que recorre a diario los cerca de 9.000 kilómetros que ocupa Almería.
Un sinfín de posibilidades en las alturas
Dejar la costa atrás en pocos minutos resulta sencillo en una provincia con tantas posibilidades. Mar y montaña o arena y nieve en las épocas más frías del año para que tanto los almerienses como los foráneos no dispongan de tiempo para aburrirse.
Así, en las zonas y localidades en las que el turismo de sol y playa no es una opción, la chimenea y las casas con encanto se han convertido en una forma más de descubrir y descubrirnos aquello hace tan especial a Almería.
Con el Chullo como observador privilegiado gracias a sus 2.612 metros de altura sobre el nivel del mar, ascender hasta la cumbre se convierte en una de las actividades favoritas para los amantes de la montaña. Desde allí es posible observar La Ragua, donde, además de practicar deportes como esquí, travesía o escalada es también posible conocer su encanto a través de los senderos que recorren esta zona de alta montaña.
Mirador en Laujar de Andarax. | Maquinaria Creativos
En la altitud se esconden también joyas con historia como Laujar de Andarax a la que da nombre el mismo río que la transita. Los senderistas pueden descubrir su historia y la de los pueblos que la rodean a través de rutas que recorren los municipios alpujarreños. En ellos es posible disfrutar del olor a la madera quemada que sale de sus casas encaladas en las épocas más frías del año.
Ninguna ruta es igual, ya que todas ellas abordan un atractivo de la provincia; desde sus paisajes cromáticos compuestos de verde y marrón hasta el tránsito del agua algunas de las rutas más visitadas como la de la Hidroeléctrica o Monterrey.En Paterna del Río, además, destaca la Ruta del Agua o la del Castañar, una forma de conocer la historia de una localidad caracterizada por la belleza que esconde.
Otro de los grandes atractivos de la zona es también la tirolina de Bayárcal, que llama a los más aventureros a disfrutar de la velocidad que se produce al dejarse caer por el cable de 620 metros de altitud que cruza el valle. Así, esta zona, que en los últimos años se ha consolidado como una de las áreas recreativas favoritas por los almerienses, permite disfrutar de una jornada familia al tiempo que se da rienda suelta a nuestra parte más salvaje.
Dejando a un lado la altitud, otra de las áreas recreativas más demandadas en Almería desde hace décadas es la de Castala, situada en el municipio de Berja, un espacio rodeado de naturaleza en el que es posible compartir momentos únicos con familiares y amigos.
Recorrer la historia a través de turismo activo
Almería se desnuda ante cada visitante, mostrando no solo la belleza del paisaje, sino también su historia. En este sentido, la importancia del ferrocarril en la minería y, por supuesto, en el traslado y exportación de cultivos como la vid, han propiciado la creación de Vías Verdes, que suponen una opción magnífica para los amantes de las caminatas.
Destaca, así, la Vía Verde del Almanzora a su paso por Serón o la de Lucainena de las Torres, que unía a la localidad con Agua Amarga, en pleno Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar.
Estas no son, sin embargo, las únicas de la provincia, el interior está repleto de rutas que muestran los resquicios del pasado minero almeriense y que es posible recorrer en bici, a caballo o a pie.
En los últimos meses, además de los yacimientos y cuevas reconocidos como Los Millares, Terrera Ventura o Ciavieja o las pinturas rupestres de las cuevas de Ambrosio y Los Letreros se ha unido en Antas un recorrido por la cultura argárica a través de la recreación de varias casas que es posible visitar a pie.
Visitar el desierto sobre dos ruedas
Visitantes en el Desierto de Tabernas. | Maquinaria Creativos
Los amantes del ciclismo disponen también de un espacio único para dar a los pedales, tanto en bicicletas de carretera como de montaña. En este sentido, el número de rutas, espacios, senderos y recorridos es casi infinito, dando la oportunidad de descubrir parajes naturales montañosos en subidas como las de Calar Alto o Velefique.
También el Desierto de Tabernas y su entorno se ha convertido en un lugar único sobre el que pedalear descubriendo, sobre las dos ruedas, una amalgama de colores y espacios a través de ramblas y pistas de tierra. Asimismo, no es necesario ser un especialista para recorrer Almería en bicicleta, ya que la provincia permite también pedalear por carretera descubriendo y visitando espacios naturales de belleza singular. En este punto destacan rutas consideradas clásicas como La Tabernas-Peñón de Turrillas-Lucainena de las Torres-Tabernas.
Monumentos naturales y gastronomía
Si hay algo que caracteriza a la provincia de Almería, además del sol que acompaña a la mayor parte de sus días, es la presencia de hasta 11 Monumentos Naturales andaluces con los que cuenta la provincia. Espacios o elementos cuya singularidad o rarezas los hace únicos. Disfrutar de ellos es posible desde la libertad que aportan las diferentes modalidades deportivas y su fácil acceso, haciéndolas accesibles para las personas enamoradas del turismo activo en la provincia de Almería.
Otro de los grandes tesoros del interior de la provincia son también sus platos a través de recetas tradicionales únicas transmitidas de generación en generación y presentadas sobre platos humeantes en los días en los que las esplendorosas y cálidas temperaturas bajan para dejar paso al frío.
Localidades como Fondón, caracterizada por sus mantecados o los municipios vecinos de la Alpujarra en los que no hay nada más típico que el plato alpujarreño.
Migas, trigo o gurullos con productos de cercanía y kilómetro 0, de la marca gourmet de Diputación ‘Sabores Almería’, componen un menú que complementa a las rutas y senderos de turismo activo almeriense para finalizar las jornadas aventureras con el mejor sabor de boca posible.
En la plaza del Castillo de Carboneras confluyen la fortaleza y el Ayuntamiento, rodeada por el Parque Andaluz
La plaza del Castillo de Carboneras reúne dos monumentos fundamentales de la localidad: el edificio consistorial, con más de 100 años de historia, y el castillo de San Andrés, en torno al cual surgió esta población costera del Levante Almeriense. Enfrente, el pulmón verde del municipio, el Parque Andaluz, un jardín urbano con un bello diseño.
Cómo llegar a Carboneras
Lo primero que tenemos que hacer es llegar a Carboneras. Podemos hacerlo por la A-7, la Autovía del Mediterráneo, hasta la salida 735 (Carboneras/Parque Natural), a la altura de la pedanía nijareña de la Venta del Pobre. Desde allí continuaremos por la N-341 hasta llegar a Carboneras, aunque también podemos llegar tomando la AL-5105 desde esta vía al llegar al cruce hacia el Llano de Don Antonio.
Nosotros optamos por la primera, siguiendo la carretera nacional. Allí atravesamos la avenida principal, la avenida Faro de Mesa Roldán, haciendo una primera parada en el Molino de Viento que divisamos a nuestra izquierda una vez pasado el Puerto de Carboneras. Siguiendo por la avenida, llegaremos hasta el centro urbano, pero antes os vamos a hablar de esta primera parada.
Molino de Viento de Carboneras
Molino de viento en Carboneras. | Beatriz Hidalgo/QVEA
Situado en la zona conocida como Cabecico del Aire, el molino de viento es otra de las señas de identidad de Carboneras.
Después de su adquisición por parte del Ayuntamiento, se ha restaurado de forma fiel a sus orígenes, incluida la maquinaria. Se trata del único molino de viento de titularidad pública y está catalogado como Bien de Interés Cultural. Junto a él se ubicará el Museo de la Cultura de los Molinos.
Los molinos de viento llegaron al Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar en el siglo XIX y fueron perdiendo su utilidad en los años setenta del siglo pasado.
Son molinos del tipo cartaginés conformados por una torre cónica de obra coronada por un tejado giratorio, una gran guía y un conjunto de aspas en forma de vela sobre un eje.
Historia de Carboneras
Carboneras ya existía antes de la construcción de la fortaleza, pues hay textos documentados que nombran el pueblo desde el siglo XV, sin embargo, no fue hasta la edificación del castillo de San Andrés cuando se consolidó como población.
En 1559, el rey Felipe II cedió la costa de Carboneras al Marqués del Carpio, Diego López de Haro y Sotomayor, como parte de la jurisdicción del feudo de Sorbas. La zona tomó entonces el nombre de Cabezo de Carbonera debido a que había madera en abundancia y se construyeron hornos de carbón.
Su aislada ubicación fomentó el contrabando, circunstancia aprovechada por los moriscos para establecer relaciones con África. En la sublevación de 1568 fue un puerto importante para la entrada de soldados y armamento.
Durante la época nazarí la ocupación de la costa se llevó a cabo por el establecimiento de torres y atalayas para vigilar el litoral. Vigilancia que siguió tras la conquista de los Reyes Católicos.
Sin embargo, el asentamiento de población no llegaba a cuajar por lo aislada que se encontraba la zona y por las incursiones de piratas berberiscos. Por lo que se planteó mejorar la defensa mediante tropas permanentes y la construcción de un castillo, el de San Andrés.
Tras diversos problemas e incluso la paralización de las obras, logró llevarse a término en el año 1621 mejorando la seguridad en la zona y produciendo la llegada de los primeros habitantes. Así, se acabó formando un núcleo de población permanente alrededor de la fortaleza.
Castillo de San Andrés
Exterior del castillo de San Andrés en Carboneras. | Beatriz Hidalgo/QVEA
Ubicado en pleno centro de la localidad, en la plaza del Castillo de Carboneras, enfrente del Ayuntamiento, el castillo de San Andrés está formado por la Torre del Homenaje, una edificación cuadrada de mampostería, que era capaz de resistir artillería de grueso calibre.
Originariamente, tenía tres torres cilíndricas en cada esquina, de las que hoy solo se conservan dos, y una cuarta torre cuadrangular de tres pisos. En 1993 fue declarado Bien de Interés Cultural y en 2013 fue completamente restaurado.
Interior del castillo de Carboneras. | Beatriz Hidalgo/QVEA
Hoy en día es centro de los actos culturales del municipio. Cuenta con una exposición permanente de fotografía sobre la Carboneras antigua y otra de ánforas de mar. Además, dispone de dos salas para exposiciones itinerantes.
También se realizan visitas teatralizadas ambientadas con personajes de la época, como el marqués del Carpio, un cabo de cuadras, o un vigía espía. En verano, se puede disfrutar de estas visitas los domingos a las 21 horas. En invierno, están reducidas para grupos más concentrados.
Asimismo, hay sesiones de cine en verano y todos los jueves, viernes y sábados hay diversas actividades como teatro, música o danza en el Patio de Armas.
El horario de visitas es el siguiente: mañanas de lunes a sábado de 10:30 a 13:30 horas; domingo de 11:30 a 13:30 horas, y tardes de lunes, martes, jueves, viernes y sábado, de 18:00 a 21:00 horas; miércoles y domingos de 18:00 a 20:00 horas.
El Ayuntamiento de Carboneras, o la casa de los Fuentes
Fachada del Ayuntamiento de Carboneras, casa palaciega del siglo XIX. | Beatriz Hidalgo/QVEA
El Ayuntamiento de Carboneras se trata de una casa señorial propiedad de la familia Fuentes, construida entre los años 1896 y 1902. Está ubicado en la misma plaza del Castillo de Carboneras, frente al castillo de San Andrés. Está catalogado como edificio singular dentro del patrimonio histórico-artístico y cultural de Andalucía.
El propietario era José María Fuentes Caparrós, quien decidió construir este edificio con el diseño de las casas palaciegas propias de la burguesía de la provincia almeriense de la época, en la que predominaba un modelo arquitectónico basado en la importancia del diseño vertical de la fachada y la cornisa adornada con estructuras de cabezas de mujer.
Este edificio presenta la particularidad de poseer un gran mirador hacia el mar. De la decoración exterior sobresalen la balconada de la fachada principal y el mirador de doce metros de largo en la portada sur.
En el interior, destaca la sala conocida como la ‘Sala Bonita‘, con un gran artesonado policromado en el techo del comedor principal, así como la carpintería decorada con relieves de flores coronadas con cristaleras de colores, en arcos de medio punto.
El Parque Andaluz
Casa de la Música en el Parque Andaluz. | Beatriz Hidalgo/QVEA
Bajando por la plaza del Castillo de Carboneras hacia el mar, frente a la Oficina de Turismo y del castillo de San Andrés, se encuentra el Parque Andaluz. Sin duda, otros de los grandes atractivos y referentes del pueblo.
El terreno del Parque Andaluz pertenecía al Teatro-Casa de la Música, inaugurado en 2006 tras restaurar y adaptar una vivienda del siglo XIX, propiedad de la familia Soto y conocida por ‘Casa de las Tejas’, como espacio cultural.
El teatro se ubica en la planta baja y allí se realizan todo tipo de eventos artísticos. La planta de arriba es escuela de música, donde ensaya la banda municipal de la localidad.
El resto del Parque Andaluz se compone de un amplio parque infantil para disfrute de los más pequeños, y un anfiteatro al aire libre donde se celebran todo tipo de actividades en verano con gran afluencia de gente.
Además, hay un mirador hacia el mar en el que se erige una estatua de San Antonio de Padua, patrón de Carboneras, inaugurada en el año 2018 durante la celebración del Centenario del Patronazgo.
Obra del imaginero sevillano Juan Manuel Parra Hernández e inspirada en la antigua imagen del Santo, desaparecida durante la Guerra Civil. La imagen tiene un metro de altura y está elaborada en barro y bañada en bronce, apoyada en una columna de mármol blanco de Macael de 2,5 metros.
En las fiestas de la localidad, celebradas en junio, cobra especial relevancia la estatua de San Antonio de Padua, ya que se realiza la tradicional ofrenda y encendido de velas por el patrón y se venera su imagen a las puertas del castillo de San Andrés.
¿Qué más ver en el centro de Carboneras?
Además, en la plaza del Castillo encontramos una estatua de Lawrence de Arabia, como homenaje a la película que se rodó en suelo carbonero en 1962, ganadora de siete premios Oscar. Protagonizada por Peter O’Toole, Omar Sharif, Anthony Quinn y Alec Guinness, entre otros. La película se basa en la participación del escritor, arqueólogo y militar Thomas Edward Lawrence en la revuelta árabe durante la Primera Guerra Mundial.
También, bajando desde el Ayuntamiento hacia el Parque Andaluz, encontramos un mural de John Lennon, histórico integrante de The Beatles. Fue pintado en 2016 por el grafitero almeriense Nauni69, con motivo del 50 aniversario de la estancia de Lennon en Carboneras, donde rodó la película ‘Cómo gané la guerra’. Una estancia de la que salieron algunas de las fotografías más célebres del famoso ‘beatle’.
Dónde comer tras visitar la plaza del Castillo de Carboneras
Después de realizar este recorrido por el entorno de la plaza del Castillo de Carboneras, se necesita hacer una parada para reponer fuerzas y, de paso, probar la cocina de la localidad.
Aunque son muchos los lugares donde se puede degustar tapas y platos de calidad, en esta ocasión hemos elegido el bar La Marina, situado en la misma plaza del Castillo, frente al Ayuntamiento.
Fundado en 1960, conocido y apreciado por todos los carboneros y con una historia curiosa, que nos han contado los actuales dueños, Juan Serrano y Mari Belmonte, miembros de la tercera generación que regenta el bar. La antigua dueña, Joaquina Fernández, perteneciente a la familia conocida como ‘Los Chuscos’ ideó una tapa que tomó su nombre del apodo familiar, el lomo chusco: un pequeño bollo de lomo a la plancha con queso y alioli.
Además, hay tapas tradicionales como manitas de cerdo, callos, caracoles y sepia en salsa. La amabilidad del personal y su trato cercano te harán sentir como en casa.
Otras recomendaciones que ver en Carboneras
El visitante no se puede ir de Carboneras sin conocer su playa, el paseo marítimo y contemplar la pequeña isla de San Andrés, de origen volcánico y un escenario ideal para practicar buceo y snorkel.
Por supuesto, es parada obligada la famosa playa de los Muertos, a tan solo 6 kilómetros de Carboneras, de gran belleza, con más de una extensa longitud y de agua cristalina.
Y la torre y faro de Mesa Roldán. La primera, una de las mayores fortalezas vigías de la costa almeriense, protagonista en ‘Juego de Tronos’. El segundo, el único faro de la provincia habitado todavía hoy por un farero.
La casa en la que vivió el mítico guitarrero almeriense abre sus puertas al público tras un proceso de musealización
La guitarra española es un instrumento clásico que forma parte de la historia viva de nuestro país y que, además, se ha convertido en todo un signo de distinción.
Es por este motivo que figuras como la de Antonio de Torres, “padre” de este modelo tan significativo, cobran especial relevancia. Como tenemos la suerte de que era almeriense, contamos con un par de lugares para visitar en su honor dentro de la capital y empaparnos con su historia.
Casa Museo Antonio de Torres | María del Mar Ramón/QVEA
Uno de ellos, que vuelve a ser visitable, es la casa (ahora musealizada) del célebre guitarrero. Tras permanecer cerrada al público durante años, vecinos y visitantes ya pueden disfrutar otra vez de la Casa Museo Antonio de Torres, un mágico rincón en el que se respira arte e historia de la guitarra española.
La casa de La Cañada en la que Antonio de Torres vivió durante una gran parte de su vida y en la que, además, pasó sus últimos días, es también la singular testigo de la creación de muchas de sus piezas.
Ahora, este espacio se ha convertido en un encantador museo-taller que le rinde homenaje y que es una visita imprescindible para todo amante de la historia y, en especial, de la guitarra.
Antonio de Torres, el reinventor de la guitarra española
Antonio de Torres Jurado nació en La Cañada de San Urbano en 1817. Posteriormente se trasladaría a Vera, y las investigaciones apuntan a que fue allí donde iniciaría su formación en la construcción de guitarras tras años trabajando como carpintero.
Su vida transcurrió a intervalos entre Almería, Granada y Sevilla, huidizo dentro del agitado contexto español de la segunda mitad del siglo XIX. Sus aportaciones en el ámbito de la construcción de instrumentos y su poco miedo a innovar no tardaron en dar sus frutos.
Vitrina de guitarras. | María del Mar Ramón/QVEA
Tomando como base la construcción de la vihuela de mano española, Antonio de Torres ha pasado a la historia de la música por fijar una nueva concepción del modelo de guitarra. Esta es conocida a día de hoy como guitarra de concierto o guitarra clásica española.
Sabemos que el guitarrero fabricó sus instrumentos a lo largo de dos periodos diferenciados. El primero, de 1852 a 1869, transcurrió en Sevilla. Sería allí donde entablaría amistad con el guitarrista, también almeriense, Julián Arcas. Guitarrero y guitarrista forjaron una gran relación y sus respectivos trabajos comenzaron a estar estrechamente unidos.
El segundo periodo, de 1875 a 1892, trajo a Antonio de Torres de vuelta a Almería. En él, comenzó a numerar sus instrumentos y es por ese motivo que sabemos que llegó a fabricar hasta 155 guitarras. Aunque esta lista se vaya ampliando de cuando en cuando, cuando algún nuevo instrumento con su firma aparece de forma casual en algún domicilio particular.
Entre sus aportaciones, además, Antonio de Torres renovó la llamada guitarra de tablao, es decir, la guitarra flamenca decimonónica. Sus innovaciones fueron seguidas y llevadas a la practica por la mayoría de constructores, desde la escuela madrileña a la alemana, pasando también por Estados Unidos.
A lo largo de su vida, el lutier llegó a proporcionar guitarras a los concertistas más importantes de finales del siglo XIX y principios del XX, como José Rojo, Paco de Lucena, Francisco Tárrega, Miguel Llobet o el ya mencionado Julián Arcas, entre muchos otros.
La Casa Museo Antonio de Torres
Ilustración de una de las guitarras. | María del Mar Ramón/QVEA
La Casa Museo Antonio de Torres se encuentra dividida en dos plantas en las que se respira arte y cariño por el instrumento de cuerda.
En la planta de abajo, tras pasar el vestíbulo, nos encontramos con la zona perteneciente a la Peña Flamenca creada en su honor y que lleva su nombre.
Las paredes se encuentran ornamentadas con fotografías e ilustraciones tanto de la peña como de Antonio de Torres y sus instrumentos. En ellas, el culto a la guitarra puede respirarse a través de cada uno de sus rincones.
Recreación del taller de Antonio de Torres
En la planta de arriba, por otra parte, se encuentra el tesoro oculto de esta casa: una recreación del taller de guitarrero que Antonio de Torres poseía en aquel mismo lugar, y entre cuyas paredes se encerraba a fabricar guitarras en soledad.
Recreación del Taller de Antonio de Torres. | María del Mar Ramón/QVEA
Pese a que no ha sido posible conservar los moldes originales, ni tampoco las plantillas y herramientas que pertenecieron al lutier (tres de estas piezas sí que se encuentran exhibidas a día de hoy en el Museo de la Guitarra de Almería que también lleva su nombre y situado a espaldas de la plaza de la Catedral de Almería), Juan Francisco Salvador Giménez, el biznieto de Torres, aportó esta cuantiosa donación proveniente de su propio taller, el cual goza de un gran prestigio en países como Japón.
En el taller recreado dentro de esta Casa Museo podremos admirar desde un banco de carpintero hasta moldes, planos, plantillas y maderas, además de piezas a medio hacer. Toda clase de elementos que son utilizados en la elaboración de guitarras y que crearán en el visitante la sensación de estar frente a un estudio real.
Además, expuestas en esta misma planta, encontraremos algunas guitarras creadas por el propio biznieto, a lo largo de una gran vitrina también cedida por este.
Cuándo ir y cómo llegar a la Casa Museo Antonio de Torres
Podemos visitar la Casa Museo Antonio de Torres todos los sábados del año. El horario de verano (del 1 de junio al 30 de septiembre) es de 10:30 a 13:30 y de 18:00 a 21:00 horas. Con horario de invierno (del 1 de octubre al 31 de mayo) será visitable de 10:30 a 13:30 y de 17:00 a 20:00 horas.
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Una bonita forma de llegar a la Casa Museo Antonio de Torres es pasando por la plaza de La Cañada, que también lleva su nombre. En ella, además, podremos admirar el monumento que se encuentra expuesto en su honor.
En el centro de la plaza, donde también se halla la iglesia del barrio, encontraremos la simbólica fuente con el busto del guitarrero. Le acompaña una gran figura de ‘La Leona’, una de sus guitarras más célebres, perteneciente también a su amigo Julián Arcas, coronando el conjunto.
Monumento en la plaza Antonio de Torres. | María del Mar Ramón/QVEA
Tras visitar el monumento, bajaremos por la Carretera de Níjar y, tras girar a la derecha, nos adentraremos en la calle Real. Caminaremos por esta hasta dar con la Casa Museo Antonio de Torres, en el número 58, cuya fachada no nos pasará desapercibida.
Dónde comer tras visitar la Casa-Museo Antonio de Torres
Tras la visita a este rincón tan emblemático, podemos dar un paseo por La Cañada y quedarnos a comer. Una parada que nos queda muy cerca, si salimos de vuelta hacia la Carretera de Níjar, es el New Zirok’s.
En este bar, situado junto al Mercadona de La Cañada, son muy populares la pota a la plancha y sus famosas y copiosas parrilladas de pescado.
Como la Casa Museo Antonio de Torres solo la podremos visitar los sábados, sería recomendable que reservásemos mesa de antemano, pues durante el fin de semana lo encontraremos concurrido.
El Pabellón de Historia Natural, situado en el Campus de la Universidad de Almería (UAL), reabre sus puertas
El Pabellón de Historia Natural de Almería es joven, pero la necesidad de un atractivo de este tipo en la capital lo han consolidado rápidamente como una de las actividades destacadas en la visita a Almería.
El centro nace a través del Centro de Investigación de Colecciones Científicas de la Universidad de Almería (UAL), CEOUAL. Este fue creado en 2015 con la intención de aunar las colecciones existentes en la provincia de Almería, tanto de particulares como de investigadores de la propia Universidad, en cuyo Campus se sitúa.
Acceso al Pabellón de Historia Natural
Pabellón de Historia Natural de Almería. | Tito S./QVEA
En la entrada del Pabellón de Historia Natural de Almería nos recibe un pequeño jardín con plantas de la zona del sureste del Mediterráneo. Muchas de ellas, marcadas con un pequeño cartel en el que se especifica su nombre común y científico, son fácilmente reconocibles por los almerienses.
Sorprende también, dentro de los tonos ocres y estériles un pequeño estanque en el que algunas flores aportan un tono de color junto con el letrero que da nombre al espacio.
Panel con información de la oceonágrafa almeriense Jimena Quirón. | Tito S./QVEA
La científica consiguió el hito de ser la primera mujer contratada por el Instituto Español de Oceonografía (IEO). Implicada también en la política, la almeriense dedicó parte de su carrera a luchar por los derechos de sus compañeras como el acceso a unos estudios o el trabajo remunerado.
Hoy, tras sufrir el cese de su actividad durante la dictadura franquista, su nombre aparece en el primer Pabellón de Historia Natural del Almería junto con el título ‘Descubre las maravillas de la naturaleza’. Unas maravillas que Quirós ya intentó transmitir durante su etapa como docente y de las que hoy día daría buena cuenta, defendiendo, además, el ecosistema natural de la provincia.
Dentro del Pabellón de Historia Natural de la UAL
Una vez dentro del Pabellón de Historia Natural, en las vitrinas el visitante puede encontrar una amplia muestra de aves, plantas, mamíferos, rocas, minerales como la calcita o concentraciones de arenisca. Todos ellos expuestos en una trabajada simulación de su área natural. Sorprende, además, la presencia de maquetas de polen y herbario de la propia zona de la Universidad.
Interior del Pabellón de Historia Natural de Almería. | Tito S./QVEA
El paseo contempla un auténtico viaje por nuestros orígenes y el mundo natural que nos rodea, desde microorganismos hasta grandes ciervos o jabalíes, con especial atención a la historia que revelan algunos fósiles.
Existe también una parte dedicada a la paleontología, que cuenta también con una exhaustiva cronología sobre la evolución y lo que podemos aprender de ella; desde los dinosauros y atravesando distintas etapas históricas.
Una de las funciones del museo es también la de concienciar sobre la desaparición de especies propias de la provincia que hoy se han extinguido, como el oso pardo, el lobo, el lince ibérico, la foca monje o el corzo, dedicando una parte del mismo a intentar explicar y concienciar sobre este hecho.
Durante el tiempo que dedicamos a recorrer la primera planta del Museo de Historia Natural, los jabalíes, ciervos, las cabras montesas, el arruí o las aves rapaces como el búho real o el águila acaparan todas las miradas.
Jabalíes en el Pabellón de Historia Natural de la UAL. | Tito S./QVEA
Exposiciones temporales en el Museo de Historia Natural de la UAL
Una de las novedades que trae la apertura de este museo es la posibilidad de visitar una exposición temporal de conchas del mundo, lo que permite a los más curiosos un paseo por los fondos marinos de África, Asia y el Mediterráneo andaluz.
Continuando con la visita, podemos observar, junto a la exposición temporal sobre conchas y moluscos del mundo, piedras preciosas desnudas como la amatista, oro nativo o rubí.
Sorprende también la zona dedicada a la comparación de georrecursos convertidos en elementos cotidianos como talco, baterías de cualquier elemento electrónico como los móviles o colorantes naturales.
Planta superior del Museo de Historia Natural
El Pabellón de Historia Natural de la UAL, desde la planta superior. | Tito S./QVEA
En la planta superior, además de una sorprendente vista panorámica de la primera planta, podemos visitar expositores dedicados a la etnobiología con colmenas, cera de abeja o una antigua quesera de esparto.
Las geocuriosidades ocupan otro espacio importante en la segunda planta y bajo el título ‘Almería marciana’ se da a conocer uno de los últimos estudios en los que la provincia ha sido protagonista.
Así, el prototipo del Rover Exomars, que viajará a Marte como instrumento de la Agencia Espacial Europea fue probado en el sur del Desierto de Tabernas.
El control de la misión se realizó desde Reino Unido y durante el tiempo en el que se desarrolló la investigación, la entidad tomó muestras de rocas de origen volcánico de Almería con el objetivo de hacer una comparativa con aquellas que se recogerán en el subsuelo de Marte.
‘Especies invasoras’ es otro de los títulos de una de las vitrinas y se nos viene a la mente las conocidas como cotorras argentinas, que han formado un enorme grupo entre los edificios y las palmeras del campus de la UAL.
Su incesante cotorreo ha puesto la banda sonora de nuestro paseo hasta el Museo en el que, entre estas especies invasoras, destaca el cangrejo americano o la almeja de río asiática.
La visita finaliza con un espacio dedicado a los programas en los que está inmersa la UAL, como el programa de conservación de lechuzas. En este sentido, en el espacio trabajan con estas aves que, además, cuentan con una zona en el propio campus en el que las alimentan, especialmente, durante su primera etapa vital.
Novedades a partir de septiembre
Entre las novedades de la temporada que se inicia en septiembre de 2023, se incluye el cobro de entrada (durante el mes de julio el acceso fue gratuito).
También la presencia de una ballena en el espacio, para que los visitantes puedan ver y disfrutar a este maravilloso animal desde las dos alturas que conforman el pabellón.
Asimismo, en el Museo de Historia Natural de la UAL se desarrollan también muchas actividades que van desde visitas guiadas hasta talleres. El objetivo es el de mostrar más en profundidad los secretos que esconde el museo y, por supuesto, los misterios de nuestra propia naturaleza y evolución.
Horarios y cómo llegar al Museo de Historia Natural
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El Pabellón de Historia Natural de Almería se sitúa frente al Edificio Científico-Técnico V del Campus de la Universidad de Almería y reabre sus puertas el 11 de septiembre de 2023.
Al Campus de la UAL se puede llegar desde la Autovía del Aeropuerto (AL-12), accediendo por la entrada norte hasta el parking 5, o desde La Cañada de San Urbano, descendiendo por la carrera Sacramento hasta encontrar esta misma zona de aparcamientos. El Museo de Historia Natural de la UAL se encuentra junto a la misma.
Otra manera de llegar es utilizando los distintos autobuses urbanos que recorren a diario el trayecto hasta el Campus de la UAL.
El horario de apertura del Pabellón de Historia Natural es de 10:00 a 14:00 horas y la entrada tiene un coste de 3 euros y gratis para niños de hasta 12 años.
Dónde comer tras la visita
Puesto que el Pabellón de Historia Natural se sitúa en la Universidad de Almería, si hay un lugar ‘clásico’ al que acudir es al Bar Romera del Campus.
El establecimiento ha alcanzado éxito tanto fuera como dentro del ambiente universitario y es recordado por muchos de los estudiantes que pasaron por allí por sus menús, bocadillos y típicas tapas almerienses.
El Museo de Arte Doña Pakyta, diseñado por Guillermo Langle y situado en la confluencia entre La Rambla y el Paseo de Almería, sorprende por su estilo vasco y acoge en su interior una buena representación del Movimiento Indaliano
El Museo de Arte Doña Pakyta sorprende al viandante con su singular arquitectura, con sus colores propios del norte y su cercanía al Paseo de Almería, como si fuera una ilusión, como si el casi centenario edificio no debiera estar donde está.
Muchos pasan por la zona provenientes del puerto. De hecho, su cercanía al mar hace que en los días nublados y fríos la brisa traiga el olor a salitre. Otros ven el singular edificio desde la posición privilegiada que les otorga una de las vías más transitadas y conocidas de la capital almeriense.
La casa vasca de Doña Pakyta
El Museo de Arte Doña Pakyta, una ‘casa vasca’ en Almería. | María Palma Martos/QVEA
El espacio acoge al visitante, que puede sentir el calor que hace décadas desprendía la chimenea que preside la entrada y sobre la que saluda Francisca Díaz, la que da nombre al actual museo del arte almeriense de 1880 a 1970.
Doña Pakyta fue una empresaria turística, filántropa y ecologista convencida que decidió donar al Ayuntamiento de Almería la que durante años había sido su casa para transformarla en un museo público.
El Museo de Arte Doña Pakyta es, realmente, una casa vasca, llamada también ‘Casa Montoya’. Así nació y así merece la pena ser recordada, diseñada por el que también fuera padre de los refugios subterráneos de Almería, la antigua estación de autobuses de la capital o la ermita de la Virgen del Mar: Guillermo Langle, quien recibió un encargo en 1928 del empresario Antonio González Egea, suegro de Doña Pakyta.
Su construcción finalizó en el año 1934, justo un año después desde que se retomaran las obras, y sus primeros moradores serían José González Montoya y la propia Francisca Díaz Torres.
Otros de los elementos más característicos del edificio son la enorme y chasqueante escalera de madera situada a la derecha y los azulejos sobre los que pisa el visitante, con formas geométricas y diferentes en muchas de sus salas.
Muchos de ellos, incluso, dejan, momentáneamente, de lado el arte expuesto en las paredes para fijarse en el que tienen justo a sus pies, una amalgama de colores y formas que nos trasladan al arte y sociedad del siglo XIX.
Museo de Arte Doña Pakyta
Las obras expuestas en el Museo de Arte Doña Pakyta comienzan por el siglo XIX y el siglo XX en la planta baja. En este sentido, la primera sala la preside Nicolás Salmerón retratado por José Díaz Molina. En este espacio predominan los colores oscuros, especialmente en algunos retratos.
Llama la atención la realista pintura de ‘El oso’, de Antonio Bedmar Iribarne, y un paisaje pintado por Manuel Luque Soria que bien podría ser un cortijo almeriense con sus características chumberas y sus colores ocre.
Al avanzar comienza a llegar a nuestras pupilas el color de los bodegones y también conocemos a ‘Belén comiendo cerezas’, de Pedro Antonio Martínez Expósito.
Nos acompaña en este viaje de sensaciones el color y las formas de los emblemáticos azulejos que hacen un tándem cromático perfecto con las vanguardias históricas que, sobre las paredes, ven pasar a los visitantes.
El Movimiento Indaliano
Sala del Movimiento Indaliano. | María Palma Martos/QVEA
Las viejas escaleras de madera ponen banda sonora a la continuación de nuestro viaje a pesar de estar amortiguados por una moqueta, los pasos del visitante lo conducen hacia la segunda planta en la que el Movimiento Indaliano luce como único protagonista.
Colores tierra, rosados, azul mediterráneo e, incluso, paisajes del interior de la provincia envuelven al invitado de la Casa Vasca.
Por su parte, el Movimiento Indaliano se descubre desde sus orígenes con el retrato del poeta almeriense Villaespesa hasta paisajes reconocibles, como las luminosas terrazas de Almería, las coloridas casas de La Chanca, la Alcazaba de Almería o la captura de algunos momentos de la vida de los almerienses, como el cuadro que deja ver a una pareja en el puerto pintada por Carmen Pinteño.
Qué es el Movimiento Indaliano
El Movimiento Indaliano es un movimiento artístico y cultural que tiene su origen en la provincia de Almería con el objetivo de potenciar y dar a conocer a los artistas locales desde un punto de vista completamente diferente e innovador.
Jesús Pérez de Perceval es considerado el padre de este movimiento que tiene su origen entre los años 1924 y 1963 y que en la “casa vasca” se refleja a través el a producción de los siete pintores que conformaron el grupo inicial: Francisco Alcaraz, Miguel Cantón Checa, Luis Cañadas, Francisco Capuleto, Antonio López Díaz, Miguel Rueda o el ya mencionado Jesús de Perceval.
El Movimiento Indaliano, sin embargo, no estaba conformado solo por artistas. El “grupo indaliano” también contaba entre sus filas con escritores, médicos, abogados y personas con inquietudes culturales como Celia Viñas.
Todos ellos se reunían semanalmente en los cafés y espacios más conocidos de la ciudad y lo que comenzó siendo una tertulia acabó convertido en un grupo de vanguardia que alcanzó su mayor reconocimiento en 1947 con una exitosa exposición en el Museo Nacional de Arte Moderno en Madrid.
Un dato curioso de este movimiento radica en el empleo del Indalo, no solo nombre, sino también como firma en muchos de sus cuadros
Exposiciones temporales en el Museo de Arte Doña Pakyta: ‘La Chanca en el imaginario’
Es en la sala siete, cuando finaliza la el recorrido histórico a través del Movimiento Indaliano, el visitante puede desplazarse a la zona de exposiciones temporales a través de la que fuera la escalera del servicio.
Una escalera estrecha que conduce hasta el ‘Espacio Camina’ donde una exposición sobre el conocido barrio almeriense de La Chanca nos recibe hasta mediados del mes de octubre.
‘La Chanca en el imaginario‘ son fotografías en blanco y negro que se desarrollan junto con coloridos cuadros que muestran el complejo entramado urbano, social y cultural del siglo XX.
Las imágenes son un fiel reflejo de un barrio “sin sombras, que parece haberse adueñado de la luz para la eternidad” como diría González durante las décadas de los 50 y los 60 en las que el color blanco de las casas parece entremezclarse con el olor a mar.
Exposiciones temporales en el Museo de Arte Doña Pakyta: Ginés Parra
Finaliza nuestro recorrido por el Museo de Arte Doña Pakyta con un breve paseo por el sencillo universo pictórico de Ginés Parra. Su arte se define como genuinamente ibérico y no solo por la selección de los motivos, sino por la austeridad en las composiciones y las armonías.
Cuando salimos del que fuera hogar de Doña Pakyta, la luz de Almería nos envuelve, tanto que hasta tenemos que cerrar los ojos, quizá para asimilar el viaje de casi cien años por el arte almeriense que acabamos de hacer, dejando atrás, de nuevo, esa Casa Vasca que parece no encajar con la ciudad que lo alberga.
Horarios y cómo llegar al Museo de Arte Doña Pakyta
La Casa Vasca o ‘Casa Montoya’ está situada en un punto estratégico entre La Rambla y el Paseo de Almería. Desde ambas vías se puede llegar al que fuera el hogar de Doña Pakyta y la creación de uno de los arquitectos más reconocidos en la capital.
Se puede, por tanto, acceder a la sede del arte almeriense desde varios puntos, pero si es tu primera vez en Almería o no conoces lugares dónde aparcar lo más cómodo es que aparques en el aparcamiento del Muelle de Levante y accedas a pie y dirección al Paseo de Almería hasta el museo.
El horario actual es de martes a sábado de 10:30 horas a 13:30 horas y de martes a viernes de 18:00 a 21:00 horas y la entrada es gratuita.
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Dónde comer después de la visita al Museo de Arte Doña Pakyta
Si has conocido los inicios del arte indaliano y uno de los edificios más representativos de la capital almeriense no puedes irte de la zona sin probar en el Paseo de Almería el tradicional chérigan de Parrilla Pasaje.
El chérigan es una tapa simple nacida en Almería por el antiguo propietario de este bar, al que apodaban ‘el Sheriff’. Se trata de una tosta de pan fina cortada al bies con base de tomate, ali oli o aceite que puedes complementar con tortilla, atún, pavo o anchoas, que fue bautizada como ‘Sheriff Gun’, que derivó a chérigan.
La textura crujiente de la tapa junto con una refrescante caña de cerveza convierte a este aperitivo en la combinación perfecta para la visita cultural.
La Recreación Histórica de Canteros y Caciques de Macael es uno de los días más esperados del año en el Valle del Almanzora
Macael ha estado siempre ligado al mármol. Una relación con siglos de historia que no se deteriora con el tiempo. Se fortalece. Que no se concibe el uno sin el otro. Tanto, que echar la vista hacia atrás hace aflorar los sentimientos de sus vecinos, que se les erice la piel, lloren de la emoción con los homenajes a sus canteros, se rían bailando sus músicas de antaño, o escuchen las viejas historias de los macaeleros más veteranos. Una vez al año, uno de sus días más esperados es la Recreación Histórica de Canteros y Caciques.
La Recreación Histórica Canteros y Caciques en Lucha por el Mármol nacía en el año 2017 con el objetivo de mostrar la tradición del pueblo del Valle del Almanzora. Sus calles, su ambiente, sus vecinos, y los miles de visitantes se introducen en una máquina del tiempo que les lleva hasta 1919, cuando dio comienzo el conflicto por la privatización de las canteras. Una batalla que duró hasta 1947 y durante la que los macaeleros lucharon para que no sucediese, dando lugar al ‘pleito de las canteras’.
Macael se viste de época durante todo el fin de semana en el que se desarrolla la actividad (en 2023, el 6 y 7 de mayo) paseando por sus calles arrieros, canteros, dueños de canteras, carreteros, lavanderas, chambilleros, fragüeros y otros personajes fundamentales para narrar esta historia.
Representación de los Canteros y Caciques en Macael. | María José Martínez
Dónde se celebra la Recreación Histórica Canteros y Caciques de Macael
Macael se envuelve en el siglo XX en un recinto por el que se despliega el espacio escénico, situado en el Bulevar-Paseo de las Esculturas y terrenos cercanos, con una extensión de más de 6.000 metros cuadrados cuidados al mínimo detalle. Un espacio accesible para todo el mundo y que cuenta con sombras para descansar.
Este recinto cuenta con un total de 22 escenarios por los que se cuenta la historia del pleito de las canteras, pero también se recrean las costumbres de la época.
Destaca, por ejemplo, la réplica de las canteras, que puede visitarse durante todo el año, o la propia Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, así como casas y bares, en los que se sirven las tapas que hacían las delicias de los macaeleros cuando visitaban los bares del Pavero, Mariquita, Antonio Molina, el Brillantina, o el Casino de Natalia. Las escenas de teatro se funden con el espacio, mezclándose los propios actores con el público presente. En esta V edición se contará con una nueva escena dedicada a la festividad de San Marcos.
Las actuaciones musicales también tienen un papel muy importante en estas jornadas. En esta V edición los visitantes podrán disfrutar el viernes 5 de mayo del concierto de O Sister!, y el sábado 6 de mayo de la Orquesta Oro Blanco.
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Las escenas narran episodios de traiciones y luchas de poder, que fueron la base de lo que es hoy en día Macael, su cultura, su industria de la piedra, y las costumbres más arraigadas de los macaeleros.
Durante las jornadas, se aterriza en 1919, año en el que se desencadenó el conflicto, hasta llegar a un acuerdo gracias a la batalla incansable de los que llevan a sus canteras de mármol en su ADN.
Además, cada año suele haber novedades, como el año pasado con la visibilidad al oficio de amoladora. Estas eran mujeres que iban a los talleres para pulir las piezas de mármol que previamente habían sido talladas por sus artesanos. Este año se añade la festividad de San Marcos, muy importante históricamente en la localidad almeriense.
También se puede ver a través de las narrativas la ambición de los caciques, los talleres, la vida diaria en sus calles y sus casas, o como era la escuela entonces. No se olvida tampoco la dureza de la vida en las canteras, con homenaje a todos los fallecidos, o la recreación de una boda, nacimiento, y su día de la virgen.
Los actores son los propios vecinos, que se ponen en la piel de sus antepasados para contar el por qué de su presente. Más de 70 personas entre actores y figurantes, que junto al trabajo de escenografía impecable hacen vivir uno de los eventos más esperados de la comarca. El que les lleva hasta el corazón de una historia, que, hoy en día, ellos mismos siguen escribiendo.
Dónde comer en la Recreación Histórica de Macael
A lo largo del recinto se encuentran algunos de los bares típicos de los canteros, que los macaeleros visitaban cuando finalizaban sus largas jornadas de trabajo, para tomar la ‘barrecha’. Mantienen sus nombres originales y su decoración. También está la Tienda Nueva, donde todos los visitantes podrán comer y degustar productos típicos del Valle del Almanzora. Una oportunidad inmejorable para sumergirse en la gastronomía de este rincón de la provincia de Almería.
El Castillo de Guardias Viejas es uno de los máximos recursos turísticos de El Ejido y del Poniente Almeriense
Una flotilla compuesta por al menos cuatro galeras berberiscas se acerca a la costa con navegación firme desde el cercano mar de Alborán. Pretenden desembarcar, como han hecho en otras ocasiones, y rapiñar todo lo que encuentren a su paso a sangre, hierro y fuego en el sur de aquella tierra que tiempo atrás fue ocupada durante casi ocho siglos por sus antepasados.
Corre la segunda mitad del siglo XVIII y el rey Carlos III ha decidido que debe taponar lo máximo posible las vías de entrada de los temibles corsarios por el sureste de la Península, pero no solo de ellos, sino también del inminente riesgo que supone la llegada de las beligerantes flotas inglesa y holandesa o de los temibles turcos.
Cuando los piratas están lo suficientemente cerca para ser alcanzados por los proyectiles, los cuatro cañones ubicados en la parte superior de la flamante batería defensiva de Guardias Viejas, recién construida, escupen fuego en dirección este, alcanzando en sucesivos disparos a dos de los barcos. Los otros dos logran escabullirse y alejarse lo suficiente para escapar indemnes por donde han venido, rumbo al norte de África.
El mismo nombre de la localidad en la que se asienta el castillo, Los Baños de Guardias Viejas, encierra en sí numerosa información alusiva al enclave y a su gran importancia histórica.
Pese a que El Ejido es uno de los municipios más jóvenes de Andalucía (tiene tal condición sólo desde el año 1984) su impronta en el territorio data al menos de la época de la Hispania Romana, cuando lo que hoy es el municipio al que pertenecen el castillo y la pedanía de Los Baños se denominaba Murgi. Un importante asentamiento junto al Mediterráneo que tenía precisamente aquí su puerto de salida al mar.
Durante tres siglos el enclave tuvo una gran actividad comercial, a lo que ayudó la construcción de unas termas datadas en el siglo I y que fueron donadas por Lucio Emilio Dafno y descubiertas mucho tiempo después, en 1872. Son estas justamente las que dan nombre al pequeño pueblo.
Castillo de Guardias Viejas desde la batería semicircular. | Anyo/QVEA
Lo de Guardias Viejas, la segunda parte del nombre, viene por la relación con el aspecto estratégico, militar y defensivo del enclave, al contar con un pequeño promontorio rocoso, apenas a unos metros del mar y frente a la Punta Sabinar.
Desde aquí se domina la vista de gran parte de la costa mediterránea hasta Balanegra y Adra (la Abdera romana), hacía el oeste; y hasta Roquetas de Mar, Almería y el Cabo de Gata al este. Justo ahí se levanta el flamante castillo de Guardias Viejas.
Fueron los Reyes Católicos quienes crearon en 1497, una vez culminada la Toma de Granada, un cuerpo específico militar para la defensa costera, al que denominaron Guardias Viejas de Castilla, y que tenía su sede principal en Adra.
Historia del Castillo de Guardias Viejas
La orden de Carlos III para fortificar la costa del sureste español data del año 1764. El encargo de levantar la batería de Guardias Viejas le fue encomendado al ingeniero militar del Reino de Granada José Cramé. Tras iniciar la obra en 1769, diseñaría otras repartidas por el litoral de lo que hoy es Almería, como el castillo de San Felipe o de Los Escullos, en el actual Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, prácticamente un clon del de Guardias Viejas.
Maqueta del Castillo de Guardias Viejas. | Anyo/QVEA
En el propio municipio de El Ejido existen también otras construcciones que completaban toda una red defensiva, siendo la más destacada, por su estado de conservación, la cercana Torre de Balerma, que cubría con artillería el lado de poniente del castillo de Guardias Viejas, mientras que los defensores del mismo se empleaban en el lado de Levante.
No demasiados años después de erigirse, el castillo de Guardias Viejas fue parcialmente destruido durante la Guerra de la Independencia Española, por tropas inglesas, y fue reconstruido en 1817.
Entrada al Castillo de Guardias Viejas
La única entrada al castillo de Guardias Viejas, ubicada en su lado norte, estaba protegida por un foso, que únicamente podía salvarse a través de una plataforma levadiza. Es uno de los elementos que aún hoy pueden verse con claridad durante la visita al que es el enclave patrimonial más demandado por los turistas en El Ejido.
Y es que la conservación del castillo es excelente, a lo que ayudó su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) en 1985 y la apuesta del Ayuntamiento ejidense y de la administración propietaria del mismo, la Junta de Andalucía, por restaurar sus partes más deterioradas y revalorizarlo.
Pocos metros después de franquear el portón de entrada llegamos al Patio de Armas, a través del que se vertebran las distintas estancias de la batería costera, de planta cuadrangular. Aunque, justo al entrar, ya encontramos a derecha e izquierda sendas estancias abovedadas que hoy se utilizan para distintos usos, como oficina de recepción o pequeño bar durante la celebración, cada verano, del Ciclo de Conciertos del Castillo de Guardias Viejas.
Patio de Armas del Castillo de Guardias Viejas. | Anyo/QVEA
Configuración interior del castillo de Guardias Viejas
La configuración interior del castillo de Guardias Viejas estaba formada, amén del Patio de Armas, por cuarteles de caballería y artillería, cuadras, un polvorín y una pequeña capilla. Estancias todas ellas que hoy tienen fundamentalmente un uso expositivo, si bien lo que era la capilla sigue teniendo uso para la celebración de bodas.
El castillo cuenta con una colección permanente de indumentaria militar de la época napoleónica, así como una completa muestra de armas y otros elementos alusivos a su inspiración eminentemente defensiva.
Colección de indumentarias militares. | Anyo/QVEA
Además, se exponen tres maquetas detalladas para ejemplificar los tres tipos de construcciones defensivas de la época: las atalayas (Torre de Balerma), las torres batería para dos cañones (se expone una réplica de la de Macenas), y las baterías para cuatro cañones de 24 libras, con una gran maqueta del propio castillo de Guardias Viejas.
Acceso a la parte superior
Desde el Patio de Armas se accede a la parte superior del castillo, compuesta por dos niveles. Al superior se sube por una escalera central. Una rampa conduce a la ubicación más cercana al mar, en el nivel medio del castillo, donde estaban estratégicamente colocados los cuatro cañones que tantos intentos de desembarco y ataques hubieron de repeler.
La escalera sube al nivel superior; la rampa, al nivel medio. | Anyo/QVEA
El muro está jalonado por aspilleras en todo el perímetro, pequeños huecos destinados a disparar con seguridad por parte de los fusileros. Dos pequeños torreones y la reconocible batería delantera semicircular terminan de configurar esta pequeña y efectiva fortaleza.
Huelga decir que las vistas desde este lugar, sobre todo en el momento de la puesta de sol, son fantásticas, siendo este uno de los principales atractivos del castillo, además de su gran valor histórico.
Ciclo de Conciertos del Castillo de Guardias Viejas
Desde que se inició el actual siglo XXI, el castillo de Guardias Viejas es cada verano un punto de encuentro ineludible para los amantes de la cultura en directo. El ciclo de conciertos que lleva su nombre acumula lleno tras lleno en cada uno de los conciertos de pequeño formato durante los meses de julio y agosto en el Patio de Armas. Aquí se configuran verdaderas noches mágicas junto al mar en un escenario privilegiado y con un encanto muy especial.
Y no es la única manifestación cultural relacionada con el castillo de Guardias Viejas. En el cercano núcleo de Almerimar se celebra cada verano la recreación histórica de un desembarco pirata, inspirado años atrás precisamente por la presencia de la batería militar. Esta cita moviliza a decenas de actores y voluntarios, dando vida a espectaculares escenas que, sin duda, se parecen mucho a las que vivieron siglos atrás los defensores del castillo de Guardias Viejas y los habitantes de este territorio costero.
Además, y desde un plano más social, es el castillo de Guardias Viejas igualmente un lugar muy demandado para la celebración de bodas civiles, que se ofician en su bonito Patio de Armas o en la capilla y para lo cual es necesario realizar la gestión oportuna con el Ayuntamiento de El Ejido. Se pueden celebrar tanto las ceremonias como los banquetes en sus instalaciones. Y es también un punto de interés para la realización de reportajes fotográficos, tanto en su interior como en su entorno, debido a los buenos ángulos y puntos de vista por su ubicación elevada, justo al lado del mar.
Horarios y cómo llegar al castillo de Guardias Viejas
La visita al Castillo de Guardias Viejas es gratuita y la edificación abre durante todo el año. El horario es de martes a viernes de 16:00 a 18:30 horas y fines de semana y festivos de 10:00 a 18:30 horas. Cierra los lunes.
Para acceder desde la vía principal más cercana, la Autovía del Mediterráneo (A-7), se debe tomar la salida 824, Matagorda/Guardias Viejas, y recorrer unos 5 kilómetros en dirección al mar, hasta llegar al desvío del castillo, después de cruzar la pedanía de Matagorda.
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Dónde comer si visitamos el Castillo de Guardias Viejas
El entorno del Castillo de Guardias Viejas va a recibir próximamente un importante impulso gracias a la creación del Centro de Experiencias Gastronómicas Mar&Tierra. Se trata de una infraestructura turística que realzará las excelencias de los productos locales y la cocina almeriense, en la que el Ayuntamiento de El Ejido va a realizar una importante apuesta y que completará en gran manera la visita al emblemático castillo. Se situará justo enfrente de la cara norte del castillo, en el antiguo Cuartel de Carabineros, otra construcción de inspiración militar que en muy poco tiempo va a adoptar un nuevo y atractivo uso.
Mientras tanto, merece la pena desplazarse apenas 5 kilómetros hacia el oeste y comer o cenar en el Restaurante La Lonja, de Balerma, un afamado ‘templo’ gastronómico del Poniente Almeriense, con gran protagonismo en su carta de los productos del mar y que se ubica en la propia lonja pesquera de Balerma. Desde elaboraciones tan sencillas como la fritaílla de jibia hasta todo tipo de preparaciones de pescados y mariscos, la calidad de su cocina es muy alta, y su demanda también. Es completamente recomendable reservar si no se quiere evitar llegar y no encontrar sitio.
La muralla de Adra, visible y palpable todavía varias de sus partes originales, es un fiel vestigio hoy de la realidad que vivió la población de este rincón del suroeste de Almería cinco siglos atrás
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La culminación de la Reconquista, con la toma del Reino de Granada por los Reyes Católicos en 1492, reconfiguró las fronteras y convirtió a los pueblos y ciudades surgidas a orillas del mar en puntos estratégicos para la defensa del territorio y de la población ante invasiones y agresiones externas.
Los piratas berberiscos, la flota turca o cualquier otro pueblo que osara acercarse a los dominios españoles por vía marítima, se las verían con torres de defensa, murallas, castillos e incluso recintos sagrados convertidos en fortalezas desde los que poder avisar, y también repeler, las intentonas de los invasores.
Así se forjó el que solo es un capítulo más de la extensísima historia de la antigua Abdera fenicia, el puerto natural de las fascinantes y cercanas Alpujarras. Fue justo esta comarca montañosa, intrincada y bella, el lugar donde se refugiaron miles de moriscos desde finales del siglo XV, tras la capitulación del ‘Rey Chico’ Boabdil. Adra fue lo último que este vio de la Península, cuando definitivamente puso rumbo a África.
La muralla de Adra, visible y palpable todavía varias de sus partes originales, es un fiel vestigio, hoy, de la realidad que vivió la población de este privilegiado rincón del suroeste de Almería cinco siglos atrás. Recorrerla es adentrarse en el mismo corazón de Adra.
La muralla de Adra
La reina Juana de Castilla concedió una carta de privilegios para la construcción de la muralla de Adra en el año 1505. El objetivo era fortificar la frontera sur del reino, expuesta a los ataques de piratas e invasores.
Los muros darían igualmente cobertura al castillo-presidio que había sido erigido poco antes frente al mar por orden de los Reyes Católicos, en 1492, y del que hoy lamentablemente ya no queda nada. Alguien, en la segunda mitad del siglo XIX, concluyó que era una buena idea derribarlo para construir una pescadería.
Maqueta del recinto amurallado de Adra, en el interior del Cubo del Cementerio Viejo. | Anyo/QVEA
Este emplazamiento, además, era de capital importancia por ser el puerto de Las Alpujarras, una de las principales salidas al mar del Reino de Granada. Adra, que se enmarca administrativamente en el Poniente Almeriense, históricamente siempre estuvo adscrita a Las Alpujarras, territorio con el que sigue guardando una estrecha vinculación.
Con un perímetro de 475 metros y forma hexagonal irregular, la muralla de Adra contaba con dos puertas, la del Mar y la del Campo (sur y norte). También siete torreones, una pequeña guarnición militar y un centenar de modestas viviendas intramuros que constituían la villa fortificada, habitadas en su mayoría por población llegada desde otros territorios más al norte.
El espesor de los muros de esta defensa básica de la villa era de 1,45 metros. Restos tanto de paños de muralla como de torreones han llegado a nuestros días y permiten al visitante tocarlos, adentrarse en aquella convulsa época mientras recorre el centro neurálgico de Adra, siguiendo los pasos de nuestros bravos antepasados.
La Torre de la Vela: inicio del recorrido por la muralla de Adra
Torre de la Vela, inicio del recorrido por la muralla de Adra. | Anyo/QVEA
Comenzamos el recorrido por la muralla de Adra en la Torre de la Vela, de la que toda fortaleza que se precie dispone. Es decir, el torreón más adelantado del recinto y el más cercano al mar, el primero en divisar el peligro.
En la muralla de Adra, a este torreón se le conoce como Cubo de la Carrera, por su ubicación en la avenida seguramente más importante del municipio, la Carrera de Natalio Rivas. Esta se extiende paralela a la línea de costa y no es más que un tramo de la Carretera de Almería.
Hoy en día puede parecer que su altura no es especialmente significativa, pero en aquella época su utilidad era máxima. Su conservación es muy buena y se encuentra en mitad del entramado urbano, adosado prácticamente a un bloque de viviendas. Está, eso sí, flanqueado por pequeñas secciones de paño de muralla que dan perfecta idea del recorrido que seguía el muro en ambas direcciones. El viajero se sorprende a menudo con la aparición de este vestigio medieval mientras pasea por la acera, en lo que se configura como un rincón de Adra, sin duda, único.
Puerta del Mar y Torreón de don Pablo de Moya
El recorrido continúa en dirección oeste, hacia lo que hoy es la plaza de la Puerta del Mar, en honor a la que era una de las dos entradas al recinto amurallado. La misma disponía de un revellín, o pequeño muro adelantado para redoblar su protección. Justo en el lugar donde se encontraba esta entrada al recinto amurallado se inicia hoy una de las calles intramuros más históricas de Adra, la calle Real.
En este caso, los restos de la Puerta no llegaron a pervivir y en el lugar donde se erigía encontramos el edificio del Ayuntamiento. El consistorio ocupa esta ubicación desde 1937.
El Ayuntamiento ocupa hoy lo que fue la puerta del Mar de la muralla de Adra. | Anyo/QVEA
La única torre rectangular de la muralla de Adra es conocida como el Torreón de don Pablo de Moya, y de los vestigios que han perdurado es el único que permanece sin restaurar. Se encuentra junto al Ayuntamiento, y estaba unido a la Puerta del Mar -y esta a la Torre de la Vela- por sendos lienzos de muralla que fueron derribados hace dos siglos para permitir el desarrollo urbano de la ciudad. En su caso, se encuentra adosado a una vivienda particular, que lo mantiene ‘colonizado’. Únicamente es visible uno de sus lados desde el exterior, junto a otra pequeña parte de la muralla original.
La iglesia-fortaleza
Para continuar con el recorrido por la antigua muralla de Adra, sería imposible hacer el camino que dibujaba el muro entre el referido Torreón de don Pablo de Moya y el siguiente, el Cubo de las Atarazanas. Ni el paño ni este torreón se conservaron, fagocitados por el planeamiento urbano.
Para alcanzar el siguiente punto visible, siempre desde el interior de la antigua villa fortificada, deberemos subir la calle Real para toparnos, calle arriba, con la imponente iglesia-fortaleza de la Inmaculada Concepción, una de las más antiguas de Almería, cuya construcción se inició en el año 1501.
El edificio se incluía dentro de los límites de la muralla. Su configuración para que pudiera servir como lugar de avistamiento y, si era necesario, de disparo para repeler invasiones, resultó fundamental en la defensa de Adra.
No obstante, no se fortificó hasta 1620, a raíz del demoledor asalto turco-berberisco, una invasión que motivó otras intervenciones similares en la provincia, como en la Catedral de Almería o el templo de Vera.
Entre sus elementos que la configuran como fortaleza, cuenta con antepechos defensivos y saeteras en los laterales, desde donde poder disparar, así como espacio en su parte superior para colocar cañones. Su torre se reconstruyó después del devastador terremoto de 1804 y seguramente su rasgo artístico más interesante sea su cabecera, obra de Ambrosio de Vico y fiel ejemplo de protobarroco. De hecho, fue la primera manifestación barroca de toda la Diócesis de Granada.
El Torreón de Olvera o Cubo del Cementerio Viejo
La iglesia tenía numerosas casas adosadas, dado el poco espacio que existía dentro de los límites de la muralla. Este problema también se presentó para la construcción del cementerio parroquial, una vez que en el periodo ilustrado se decidió que, por razones de higiene y salubridad, los muertos no podían ser enterrados dentro de la iglesia.
Así, el nuevo camposanto se ubicó lo más cercano posible al recinto sagrado, aunque ya extramuros. Una de sus tapias era precisamente un paño de muralla, y es en este lugar donde podremos apreciar el trozo de muro original más grande que se ha conservado. También aquí se puede visitar el interior de otro de los siete torreones, el Torreón de Olvera, conocido también, y por razones obvias, como el Cubo del Cementerio Viejo.
El Torreón de Olvera, parte de la muralla de Adra. | Anyo/QVEA
Los visitantes que así lo deseen pueden solicitar la visita al interior del Torreón de Olvera, que guarda una bonita maqueta que reconstruye cómo era la muralla de Adra, así como su castillo.
Su autor fue Pedro Sarmiento, un maestro que llegó a Adra desde León y que, entre otros hitos, fue el primer alcalde abderitano de la democracia. También dentro del torreón se puede observar la réplica de la Torre de Guainos, del siglo XVI, otro rico elemento patrimonial de Adra que igualmente tenía como cometido la vigilancia.
Este torreón se fabricó, como toda la muralla, con mampostería con mortero de cal y alternando cantos rodados del río Adra con piedras de pizarra. Posee, como sucede a lo largo de todo el amurallado, troneras y saeteras que facilitaban la defensa a los soldados.
La Puerta del Campo y los últimos restos de la muralla de Adra
Estatua a Ortiz de Villajos. | Anyo/QVEA
Para finalizar con el recorrido hexagonal de la antigua muralla de Adra, tomaremos dirección sureste para llegar paseando a través de las coquetas calles Gloria y Escuela a la Plaza Vieja, o Plaza Ortiz de Villajos, en memoria del afamado compositor musical abderitano.
Este es el lugar en el que se erigía la segunda de las puertas de acceso a la villa fortificada, y de la que ya no queda nada. Fue derribada en el siglo XIX con el objetivo de ganar espacio para nuevas construcciones. Tampoco hay vestigios del Torreón del Campo, otra de las torres defensivas del recinto, o del séptimo y último, conocido como Cubo Torral.
Para apreciar los últimos restos visibles de la muralla de Adra deberemos hacerlo desde el interior del Centro de Día para mayores, cuyos usuarios tienen el privilegio a diario de poder disfrutar de este trozo de la historia de su pueblo.
Extra: Refugios de la Guerra Civil
En este punto del recorrido nos encontraremos justo encima de otra de las joyas patrimoniales de Adra, aunque de mucha más reciente construcción, los Refugios de la Guerra Civil, de los cuales varios son visitables.
Podremos apreciar además un imponente muro, o balate, construido por el Conde de Chacón. Desde esta plaza elevada, durante la procesión de San Marcos se mostraba la imagen del santo para que bendijera todos los cultivos a sus pies, al ser esta zona de vega en el pasado.
Hoy, podemos acceder, a través de un paso elevado sobre la Carrera de Natalio Rivas, al Mercado Municipal y la Biblioteca de Adra. Y, una vez de nuevo en la calle, estaremos apenas a unos metros del punto en el que se inició el recorrido por las Murallas de Adra, su Torre de la Vela.
Dónde comer tras la visita
Después de tanto trasiego a la búsqueda de restos medievales, a buen seguro que nos habrá entrado hambre y sería un pecado no probar las ricas tapas de la cocina abderitana. Una conjugación perfecta entre los pescados frescos del Mediterráneo, con el pulpo seco como emblema, y la potentísima agricultura de la Huerta de Europa.
Son muchas y buenas las opciones para tapear o comer en Adra, y esta vez escogeremos un lugar conocido por todos los abderitanos y con una gran reputación, el Restaurante Mesón Bonillo. Iremos buscando la que es una de sus especialidades estrellas: los fideos aparte, un riquísimo guiso de pescado acompañado por fideos que nos hará querer repetir. Y de postre, casero por supuesto, un riquísimo ‘Zabaoine’ elaborado por la abuela de este emblemático local de Adra, que además ofrece un menú de calidad a diario, incluidos los domingos.
Para llegar al Bonillo desde la Torre de la Vela, el punto en el que comenzó y finalizó nuestro paseo por la muralla de Adra, lo podremos hacer a pie en menos de 10 minutos. Para ello, tomaremos el Paseo de los Tristes en dirección al mar, hasta alcanzar el cruce con la calle Guadix, que es donde se encuentra nuestro destino gastronómico.