Las Ánimas Benditas de Adra; Alcolea; el triángulo formado por Gérgal, Olula de Castro y Tahal; la Casa del Cine de Almería; la Cueva Carrión de María; Laroya y el Cerro del Espíritu Santo de Vera, lugares misteriosos que ver en Almería por Halloween

Nadie puede dudar que Almería es tierra de misterio. Será su variado paisaje, la orografía del terreno o la esencia de todas las culturas que por aquí han pasado, pero lo cierto es que un halo sobrenatural envuelve la provincia. Se podrían hacer mil y un recorridos en busca de sucesos inexplicables a lo largo y ancho de esta bella tierra aunque, por la cercanía con la festividad de Halloween, esta sería mi propuesta de lugares misteriosos que ver en Almería tocando las siete comarcas.

Las Ánimas Benditas de Adra

Las Ánimas Benditas de Adra, uno de los lugares misteriosos que ver en Almería. | Alberto Cerezuela
Las Ánimas Benditas de Adra. | Alberto Cerezuela

En Adra existe un rincón mágico, casi desconocido para los de fuera, que esconde a partes iguales devoción y misterio. Debajo del arco romano encontramos la pequeña Capilla de las Ánimas Benditas. Es habitual encontrar, a cualquier hora del día, una cola de personas esperando su turno para dejarles flores, pequeñas velitas o aceite para las mariposas. Lo importante es que siempre tengan luz, esa luz que las guíe hacia el Cielo ya que son almas que están en el Purgatorio. A cambio, los fieles piden salud para los suyos, trabajo o amor.

Sin embargo, no todo es bonito, puesto que si la persona no puede cumplir con lo prometido, las ánimas benditas irán a reclamarle la deuda, ya sea tocándole en la puerta de su casa a altas horas de la madrugada, posándose a los pies de la cama del deudor o recostadas junto a él, o incluso mediante un sobrenatural encuentro formado por una comitiva de almas en pena que vagan en busca de la luz.

 

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La Luz de Alcolea

Si nos adentramos en la Alpujarra Almeriense, nada más salir de Berja podemos asistir al avistamiento de una extraña luz. Lleva sucediendo desde la posguerra y se acentúa cuando llegan estas fechas. Hablo de la Luz de Alcolea, fenómeno que saltó a la prensa en la Semana Santa del año 87 cuando Cayetano Galafat la vio en su finca del paraje de Los Llanillos.

Paraje de Los Llanillos desde la casa de Gabriel Moya, en Alcolea. | Alberto Cerezuela

Cientos de personas se congregaron esos días en busca de una luz que adoptaba las dimensiones de un balón de baloncesto, era de color rojizo y planeaba sobre las cosechas a una altura de metro y medio. Ufólogos y expertos en la materia expusieron sus hipótesis, aunque el testimonio de Agustín ‘Pistolete’, un conocido vecino, puso sobre la mesa que esa luz provenía del candil que portaba un ser totalmente vestido de negro, al que no se le veía la cara, con una planta de más de dos metros de altura. Los lugareños lo llaman “el tío enlutao” y es mejor no encontrárselo en esa carretera.

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¿Fenómeno OVNI o espíritus de mineros?

Siguiendo la estela de las luces populares, en Los Filabres-Tabernas encontramos un peculiar triángulo formado por Gérgal, Olula de Castro y Tahal. Los avistamientos de extrañas luces se cuentan por centenares y se presentan, incluso, ante agentes de la policía.

Extrañas luces en Olula de Castro
Olula de Castro. | Alberto Cerezuela

Las zonas más propensas para ello son la iglesia de Tahal y el cerro de enfrente; la entrada del pueblo de Olula de Castro y los alrededores de Gérgal. Es frecuente, sobre todo en verano, encontrar grupos de aventureros en busca de esas luminarias que quizá no tengan nada que ver con el fenómeno OVNI, sino con los espíritus de los mineros que perecieron en esas veredas.

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Casa del Cine de Almería

Nos adentramos ahora en la capital almeriense, sin duda el lugar que más misterios encierra. En su comarca, lo fácil hubiera sido señalar el Teatro Cervantes o el Cortijo de San Patricio, en Gádor, donde ocurrió el crimen que ha dado pie a la leyenda del “hombre del saco”, mucho más real de lo que pensamos.

Pero a mí me gustaría hablar de la actual Casa del Cine, situado en una antigua finca denominada Santa Isabel, también conocida como el Cortijo Romero o el Cortijo Balmas. Precisamente fue el republicano Miguel Balmas quien compró el lugar en 1866, transformándolo con los años en un auténtico paraíso de recreo. Ya entrado el siglo XX, esa casa disponía de piscina, pistas de tenis y el mejor jardín privado de Almería.

En esa época empezaron las reuniones masónicas hospiciadas por José Romero Balmas, a las que acudían personajes como el filósofo Levi Strauss o el arqueólogo Luis Siret. Los fenómenos extraños más conocidos tuvieron lugar en la época dorada del cine en Almería. Los vivió Rainer Fassbinder, director alemán que rodó allí la película ‘Whity’ en 1971 y quien afirmó que la casa le hablaba y le obligaba a hacer cosas como asesinar o suicidarse.

Seguramente la casa también le habló a John Lennon, pues le inspiró para componer allí la canción ‘Strawberry fields forever’ en septiembre de 1966. La energía del lugar le transportó a Liverpool, al orfanato donde estuvo cuando era un niño, reviviendo muchos fantasmas de su pasado. Precisamente en la fiesta de cumpleaños del propio Lennon se vivieron fenómenos paranormales como el estallido de platos y vasos, armarios que se abrían solos, y dos mujeres vestidas de negro que bajaban las escaleras ante los ojos de Chynthia Lennon, el propio John o Ringo Starr. Por cierto, en ese jardín reposan los restos de Pauline Taurinya, comunista y espía de las Brigadas Internacionales. Vivió fenómenos inexplicables en ese lugar y quiso reposar eternamente allí.

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El vampiro de la Cueva Carrión

Corría la primavera de 1932 cuando un hombre, natural del pueblo de María, en la Comarca de Los Vélez, decidió secuestrar y decapitar a una niña de dos años para más tarde beberse su sangre. Estaba enfermo de tuberculosis y la incultura de esa época propició esta absurda creencia. Lo bautizaron como el “vampiro de la cueva Carrión”, pues fue en ese lugar donde cometió este atroz crimen (sin embargo, algunos lugareños ubican el escenario en la llamada ‘cueva del Gallego’). La infortunada pequeña era hija de Antonio López Sánchez, conocido como ‘el Olimpo’. Fue uno de los crímenes más sonados en la primera mitad del siglo XX.

Los fuegos de Laroya

Informe oficial de los fenómenos de Laroya.

A poco más de una hora y media de allí tenemos la población de Laroya, conocida especialmente por los extraños fuegos del diablo o combustiones espontáneas que se comenzaron el 16 de junio de 1945 cuando a María Martínez, de catorce años, se le incendió el mandil que llevaba puesto. Desde ese momento fueron 300 los incendios en el periodo de un mes, sin que a día de hoy haya explicación alguna.

Desde el Régimen enviaron a una comitiva de ingenieros y peritos capitaneados por José Cubillo Fluiters quienes, tras unos días de estudio, redactaron un informe de más de doscientas páginas en el que la única conclusión es que había que mirar al cielo para obtener una respuesta.

Fenómeno OVNI, combustiones espontáneas, la maldición del moro Jamá, quemado vivo por la inquisición o la presencia del semidios Reshef (ascua ardiente), venerado  por los cartagineses para que atacara a todo aquel que quisiera explotar esas tierras, fueron algunas de las teorías.

Manuel Medina, Antonia Ujaldón o Ramón Doménech son algunos de los testigos que veían como pequeñas llamas o bolitas voladoras se posaban en los enseres y producían fuegos. Más de uno tuvo que tirarse al suelo ante el ataque de algunas de ellas, que parecían cobrar vida. Algún ingeniero también huyó a su Madrid natal cuando se le incendiaron sus aparatos o hasta sus ropas. Sin duda, uno de los grandes misterios del siglo XX.

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El Cerro del Espíritu Santo de Vera

Termino este peculiar recorrido haciendo una visita al Cerro del Espíritu Santo en Vera, donde el 5 de marzo de 2011 un rayo decapitó al Cristo que se erige en ese místico enclave dejándonos unas espectaculares imágenes. Muchos vecinos lo tomaron como una advertencia divina de que algo malo iba a pasar, al igual que sucediese días antes del terremoto que destruyó el lugar el 9 de noviembre de 1518, cuando las campanas de la iglesia repicaban solas advirtiendo del mal augurio.

Cerro del Espíritu Santo, uno de los lugares misteriosos que ver en Almería
El Cristo del Espíritu Santo de Vera, decapitado por un rayo en 2011. | Domingo Ortiz

Casualidad o no, pocos días después de la caída del rayo se produjo el famoso terremoto de Lorca, a pocos kilómetros de allí. Pero la magia del lugar no termina aquí. Bajo ese cerro reposan los restos de más de cien personas, víctima del suceso del siglo XVI y de una epidemia posterior.

Y, por si fuera poco, en una casa cercana al lugar, el Día de los Difuntos de 1997 apareció una extraña teleplastia que aún hoy se mantiene imborrable. Una historia que trajo a diversos parapsicólogos a Vera y que nos ha dejado una impactante psicofonía para la posteridad.

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¿Me creen ahora cuando digo que Almería está impregnada por la magia del misterio?
* Alberto Cerezuela es escritor, investigador y director de la Editorial Círculo Rojo

En pleno corazón del Valle del Almanzora, se puede descubrir este bonito enclave de La Cerrá de Tíjola a través de una ruta de 7,2 kilómetros

Adentrarse en el paraje de La Cerrada de Valentín, La Cerrá de Tíjola, es sinónimo de sumergirse en el patrimonio histórico y natural de Tíjola, en pleno corazón del Valle del Almanzora. Antes de hacer este “viaje en el tiempo” hasta los orígenes del municipio almeriense, cautiva la magia de la vida rural que se respira en sus calles.

La caminata por la calle Huertas de la Polaca conduce hasta la Plaza de España, epicentro del pueblo de Tíjola donde se sitúa su Ayuntamiento. Allí la vida tiene más vida. Algunos vecinos salen de la casa consistorial ajetreados, mientras otros disfrutan en el bar, tranquilamente, de un gran aperitivo en buena compañía. Aún estando en la calle, todos parecen estar en casa, y se saludan con mucha alegría, poniéndose un poco al día sobre cómo ha ido el verano y lo loco (aún más) que parece el mundo últimamente.

A lo lejos predomina un paisaje verde. Una montaña llena de historia y de pasado donde antiguamente se asentaba su población: Tíjola La Vieja. Un pasado que ahora parece abrazar la vida presente de sus vecinos, pero sin olvidar sus orígenes, de los que todavía podemos encontrar muchas señales.

Paisaje desde Tíjola la Vieja en La Cerrá de Tíjola. | María José Martínez/QVEA
Paisaje desde Tíjola la Vieja. | María José Martínez/QVEA

El paraje de La Cerrada de Valentín, o ‘La Cerrá de Tíjola’

Ascendemos por la carretera y tras un camino de piedras (y muchas curvas de vértigo) llegamos hasta la primera parada de periplo temporal. Uno de los tesoros más escondidos y bellos de Tíjola: El paraje de La Cerrada de Valentín, más conocido como ‘La Cerrá de Tíjola’.

Tras caminar unos pasos, un estrecho desfiladero enorme (ni más ni menos que unos 120 metros) se abre ante nuestros ojos. La naturaleza más pura y espectacular hace acto de presencia en este rincón rocoso que esconde una historia de luchas, trabajo, familia y diversión.

En este lugar se asentaban las antiguas poblaciones. Un paraje muy cotizado gracias a su entorno, en el que abundaba el agua, los minerales y sobre el que se erigía una gran fortaleza para proteger el terreno. Por La Cerrá de Tíjola pasa el río Bacares, principal afluente del río Almanzora. Antiguamente, aprovechaban las caídas del agua para las tareas locales, como la agricultura.

Un rincón escondido de Tíjola

Un grupo de cabras montesas pasean por esta majestuosa roca vertical. Y son varios los senderistas que han decidido descubrir este rincón escondido de Tíjola en una mañana soleada de septiembre.

Cruzamos un bonito puente para conocer de pleno La Cerrá de Tíjola. Y tras él se abre un recorrido de rocas y cascadas (ahora sin agua), que son mucho más vistosas con la llegada de la primavera, y que en invierno son conquistadas por el deshielo del Calar Alto. Todo ello coronado por un hermoso paisaje verde, que en ciertas partes, hay que “esquivar” para seguir el sendero.

Antiguo molino en La Cerrá de Tíjola. | María José Martínez/QVEA
Antiguo molino. | María José Martínez/QVEA

Este gran desnivel y la riqueza de agua hicieron que la población se asentase en el lugar, pues podían vivir de la agricultura, la ganadería y les permitía contar con molinos de agua. Alguno de ellos es visible hoy en día durante la ruta. Concretamente, el ‘Molino de la Cerrá’, que mandó a construir Guillermo Guiard Burgalat en 1880 cuando se estableció con su familia en Tíjola, procedentes de Francia. El francés hizo que funcionase con las técnicas más novedosas de aquella época, dejando caer el agua desde un desnivel con varios metros de altura. Por otra parte, el ‘Molino de Don Ramón’, situado un poco más arriba. Este estuvo a pleno rendimiento hasta que en la década de los setenta fue destruido por una riada.

Un lugar de leyendas e historias

Alzando la vista se pueden ver las tres colinas que rodean este monumento de la naturaleza. En lo alto de ellas estaba el castillo, de difícil acceso, y del que aún quedan restos de la muralla. Un lugar lleno de leyendas e historias que todavía siguen contando los tijoleños de generación en generación: Tíjola La Vieja. Una de ellas la protagoniza un rey moro, que antes de ser abatido y preso por sus enemigos, prefirió desplomarse por la colina a lomos de su caballo. La historia de este monarca y su fiel amigo se ha quedado para siempre en el lugar, y se puede ver claramente la escena del salto tatuada en la roca.

Al fondo, el salto del rey de la leyenda. | María José Martínez/QVEA

Pero sus historias van mucho más allá. Y es que, en marzo de 1570, Juan de Austria frenó a los rebeldes moriscos que estaban en la fortaleza y consiguió despoblar aquel territorio. Esto dio lugar a una nueva vida en la zona con la llegada de pobladores.

La vida en el paraje de La Cerrada de Valentín también trascurría en las profundidades de las rocas. De su subsuelo se podían extraer minerales como el cobre. Es la cueva de la Paloma la que producía este material desde la época argárica, dos milenios antes de Cristo, hasta hace apenas un siglo. Subiendo hasta la zona norte del enclave, y tras recorrer un bonito camino de arena, se llega hasta la entrada de esta cueva, que se puede ver desde el exterior.

Cueva de la Paloma en Tíjola. | María José Martínez/QVEA

Sendero de La Cerrá de Tíjola

El actual sendero de La Cerrá de Tíjola antiguamente era un paso de regantes. Durante la década de 1930 hicieron una serie de obras para que pudieran pasar los carros hasta el molino del sur. Posteriormente, en los 70 se volvió a modificar para permitir el accedo de los vehículos, principalmente los de mantenimiento.

Este recorrido da comienzo junto a la ermita de San Salvador, que puede reconocerse fácilmente por su característica cúpula celeste. Tras ella se dispone un camino de tierra que baja hacia el río Bacares, por el que hay que descender para seguir el camino, pero sin llegar al río.

Sendero de La Cerrá de Tíjola. | María José Martínez/QVEA

La ruta tiene una duración aproximada de dos horas y un recorrido de 7,28 kilómetros, alcanzando una altura máxima de 865 metros. Es un plan perfecto para hacer en familia, pues es un sendero sencillo. Además, la entrada a la cueva de la Paloma será el lugar perfecto para hacer un pequeño descanso, ya que hay zona para sentarse.

Durante el trayecto enamora el encuentro entre la Tíjola del pasado y la del presente. Su ermita de San Salvador, el Molino de la Cerrá, la cueva de la Paloma, o las ruinas de leyendas y batallas de Tíjola La Vieja. Un enclave único, una maravilla de la naturaleza y una historia guardada para siempre.

La espectacular escultura de casi seis metros de altura está incluida en el Libro Guinness de los Récord como el mortero más grande del mundo

La historia de Macael está esculpida en mármol blanco. Una historia con más de 25 siglos a través de la que este municipio del Valle del Almanzora ha dejado una huella imborrable en el arte. Un legado de obras majestuosas alzadas en su ‘oro blanco’, como la Fuente de los Leones de la Alhambra de Granada, el Palacio Real de Madrid o el mismísimo Teatro Romano de Mérida.

Letrero de mármol a la entrada a Macael. | María José Martínez/QVEA

Macael y mármol son dos palabras inseparables. Sus canteras, muy próximas a la urbe, han sido explotadas desde tiempos muy remotos, convirtiéndose en la base de su economía y de la de gran parte de la comarca. En la actualidad, el pueblo es el mayor productor de mármol de España, y su prestigio y reconocimiento es mundial. Los macaeleros han sabido transmitir su riqueza y tradición de generación en generación, llegando a ser la cantería del mármol de Macael candidata a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.

Macael, un museo enorme de mármol blanco

Visitar Macael es visitar un museo enorme de mármol blanco. Su cultura se respira tan solamente con pisar su entrada, donde la bienvenida la da un enorme edificio de fachada curvada elaborada al completo con esta majestuosa piedra. Se trata del Centro Tecnológico Andaluz de la Piedra. Tan solo unos metros más adelante, se puede leer en una magnífica escultura de mármol blanco, gris y amarillo que hemos llegado a nuestro destino: Macael.

Cada rotonda que encontramos a nuestro paso no deja margen de error de su cultura, pues cada elemento está elaborado en su oro blanco. La amplia avenida de Andalucía nos dirige al encuentro con uno de sus monumentos más emblemáticos.

Por el instituto Juan Rubio Ortiz y el Colegio Público Nuestra Señora del Rosario la vida no se detiene y sus alumnos juegan animados en el patio. Enfrente, el alboroto habitual en el Centro de Salud y la farmacia, un gran punto de encuentro para los macaeleros. Otros salen de la consulta de don Enrique, o quedan para desayunar tras su cita con los dentistas Ana y Ambrosio. Antonio ‘Piscinas’ ultima sus menús en el Restaurante Los Membrives, muy reconocido por su gran cocina y por su delicioso ‘mero Membrives’. La rutina tiene mucho encanto en este pueblo donde todos son una gran familia, y hacen de su localidad un hogar para todos los visitantes.

El mortero de mármol más grande del mundo

Mortero más grande del mundo en Macael
El mortero más grande del mundo, en Macael. | María José Martínez/QVEA

Es prácticamente imposible no verlo. El mortero de mármol más grande del mundo corona la avenida. Una majestuosa escultura de nada más y nada menos que 50.000 kilos de mármol de Macael. La anchura de su base es de tres metros de diámetro, elevados hasta los 5,4 metros en la parte superior. Tal es su dimensión que en el año 2016 fue incluido en el Libro Guinness de los Récord como el mortero más grande del mundo.

Esta pieza es el reflejo de una de sus señas de identidad: un mortero clásico para machacar los ingredientes. Es un objeto muy popular que se ha convertido hoy en día en un icono turístico para el municipio almeriense, y que construye un homenaje a sus artesanos del mármol. Además, en los últimos años se ha hecho muy conocido por su utilización en las cocinas de los cocineros más prestigiosos.

Empresas locales, una grúa y algún contratiempo

Avenida de Andalucía en Macael. | María José Martínez/QVEA

La talla se comenzó a construir en el año 2015. En su elaboración participaron empresas locales como Grupo Cosentino y Pimar Stone, que cedieron el material para hacerlo. Además, los también macaeleros Arriaga Artesanos del Mármol se dedicaron a esculpir la obra, que está valorada en más de 300.000 euros.

Antes incluso de que existiesen los talleres de artesanía en el pueblo, su elaboración, desde el momento en el que se trazaba la pieza hasta que se tallaba con punteros y amolado, señalaban el final de una etapa en la que los jóvenes pasaron de ser aprendices a canteros.

Para su instalación en el encuentro entre la avenida de Andalucía y la avenida de Ronda fue necesaria una gran grúa y tampoco faltaron los contratiempos, pues el mazo gigante se partió cuando iba a ser colocado y consiguieron arreglarlo en tiempo récord.

El mortero más grande del mundo es solamente una de las grandes obras de arte que se pueden visitar en el pueblo, pues si nos adentramos más en sus calles y sus plazas podremos ver una réplica exacta de la Fuente de los Leones de la Alhambra, el recién restaurado Monumento al Cantero, o pasear por su bulevar repleto de escultura. Sin duda, Macael es cultura. Macael es arte.

La obra completa de fotografías de Pérez Siquier, en Olula del Río, en el primer museo de España dedicado a uno de los grandes fotógrafos clásicos

Mientras avanzamos por la autovía A-334 que pasa por Olula del Río, podemos observar su Vía Verde. En ella se cruzan ciclistas, caminantes y corredores que se saludan alegremente. Unos kilómetros más hacia adelante, una espectacular escultura en mármol blanco de Macael anuncia que hemos llegado a nuestro destino: la Ciudad de la Cultura de Olula del Río. Se trata de ‘La Mujer del Almanzora’. Una obra del artista Antonio López que custodia sus tres museos. Uno de ellos, dedicado de forma íntegra a las fotografías de Pérez Siquier.

Acceso al Centro de Fotografía Pérez Siquier en Olula del Río. | María José Martínez/QVEA

El Paseo de las Esculturas con flamantes Dionisios de piedra blanca nos da la bienvenida a esta gran cita con el arte. Tras él está ‘La Mujer del Almanzora’, una de las escultura más grandes de España, formada por 82 piezas de mármol de Macael, con un peso de 180 toneladas y más de ocho metros de altura. Al frente, un edificio blanco y azul: el Museo Casa Ibáñez. Una de las mayores colecciones de Arte Contemporáneo de Andalucía creado por el pintor Andrés García Ibáñez, un artista de valorada trayectoria dentro del Realismo contemporáneo. Y a la derecha, el encuentro con la gran obra de Carlos Pérez Siquier. En ese edificio de más de 1.000 m2 se encuentra el archivo completo de fotografías de Pérez Siquier. Es el primer museo de España que está dedicado a uno de los grandes fotógrafos clásicos. Entrar en él es ponerse esas gafas inseparables y ver el mundo a través de sus ojos.

Sala de ‘La Chanca en color’. | María José Martínez/QVEA

Carlos Pérez Siquier

De cabello rubio y ojos dulces escondidos tras unas gafas. Solía vestir camisa desenfadada y normalmente llevaba un bolígrafo en su bolsillo. La cámara siempre en mano, y en su corazón. Tal era su aspecto que muchos pensaban que era americano. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Almería era su tierra y su hogar.

Hablando de hogar, fue precisamente en la boardilla de su casa donde se enamoró de la fotografía, con tan solo quince años. Su padre, Joaquín Pérez, se aficionó a este arte y él descubrió en aquel rincón la magia del rebelado. Desde entonces, Carlos Pérez Siquier observaba el mundo a través de su objetivo.

Su mirada era diferente a la de todos los demás. Corrían los años 50 entre posguerra, pobreza y franquismo. Pero él estaba alejado de los cánones tradicionales y supo adelantarse a su tiempo sin ningún tipo de cobardía por los años presentes.

Colección ‘La Chanca en color’. | María José Martínez/QVEA

Carlos Pérez Siquier nació en Almería un frío mes de diciembre de 1930. Su historia es la historia de La Chanca. La de verdad. La de las casas de colores y su vida cotidiana en las calles. Cada fin de semana que trascurrió entre los años 1956 y 1965 cogía su cámara de fotos y se iba hasta este barrio. En silencio, y sin apenas saludar a los vecinos, comenzaba a capturar ese mundo en blanco y negro primero, y a todo color después. De esta manera captaba la esencia de las barriadas pobres de España durante la posguerra.

Esa colección de fotografías de Pérez Siquier le cambió la vida, pues le encumbró como uno de los autores más vanguardistas de la fotografía española. Eran fotografías sin barreras. Junto a su fiel amigo José María Artero, entró en la Agrupación Fotográfica Almeriense, a través de la que lideraron la revista AFAL, que se publicó entre los años 1956 y 1962. Con ella consiguieron traspasar fronteras y para él, en sus propias palabras, “AFAL era el Internet de la época”. Y consiguieron captar la atención de los fotógrafos jóvenes.

La Chanca, en blanco y negro y en color

Volviendo al Centro Pérez Siquier en Olula del Río, el recinto está dividido en ocho salas. Un prototipo original de la ‘Mujer de Coslada’ de Antonio López corona la primera sala. Se trata de una escultura que parece rozar el cielo por su gran magnitud. Es ella la que se encarga de custodiar ‘La Chanca en blanco y negro’ de Carlos Pérez Siquier. La mítica serie neorrealista de los vecinos del barrio almeriense.

La niña de La Chanca de Pérez Siquier. | María José Martínez/QVEA
La niña de La Chanca de Pérez Siquier. | María José Martínez/QVEA

En muchas ocasiones, esta era simbolizada por su fotografía más representativa, la de la niña blanca de La Chanca. La mirada de aquella chica cautivó al fotógrafo, pero también a su público. “Ella me estaba ofreciendo su interior y yo lo eternicé”, explicó en una ocasión. Medio siglo después la protagonista volvió a aparecer en la vida de Pérez Siquier. Se llamaba Ángeles Domínguez y vivía en Londres. Esta viajó hasta Almería para conocer al artista, que la fotografió en el mismo lugar y le dio la copia original.

En la sala 2 nos trasladamos hasta los años 60, haciendo una parada en ‘La Chanca en color’. El barrio se iluminó entonces. Con esta colección tiene una visión más estética de aquel lugar, dando protagonismo a sus bonitas casas de colores alegres. Así se ensalzaba su vida cotidiana.

La playa de los 70, turismo en la costa mediterránea

Viajamos hasta ‘La playa de los 70’ en la siguiente sala. Allí predomina la ironía y el acento pop sobre el turismo masivo en la costa mediterránea. Lo cierto es que esta obra le dio una gran fama al fotógrafo almeriense y lo convirtió en uno de los pioneros de la fotografía en color de todo el mundo. Otras dos estancias albergan el ‘Color del sur’ y algunas obras que reflejan la belleza de Cabo de Gata.

Recientemente, el Centro Pérez Siquier inauguró, con la presencia del artista, la ampliación de su superficie expositiva. Un punto de encuentro con la historia de la fotografía a través de más de 120 obras. Esta colección la completan una recopilación bibliográfica con ejemplares de AFAL, su Anuario de la Fotografía Española de 1958 y otras publicaciones de aquella generación tan mítica.

En una ocasión Carlos Pérez Siquier advirtió que moriría “con las fotos puestas”. Y lo cumplió. El 14 de septiembre de 2021, a los 90 años, falleció en su Almería natal, pocos días después de visitar por última vez su centro fotográfico. Pero lo cierto es que el artista seguirá vivo en cada una de las obras con las que consiguió prolongar la vida, y retratar primero a una España oprimida en blanco y negro, y una España a todo color que luchaba por salir de aquello un tiempo después.

Visitar el Centro Pérez Siquier de Olula del Río

El Centro Pérez Siquier, ubicado en la Plaza de la Cultura número 1, es un espacio dedicado a la vida y a la historia del fotógrafo almeriense. Visitarlo es muy fácil porque está abierto todo el año, incluidos los festivos, de martes a domingo. Los únicos días que este museo de la Ciudad de la Cultura de Olula del Río está cerrado son los lunes y el 1 de enero, 1 de mayo y 25 de diciembre. Además, la entrada es totalmente gratuita.

Horario del 1 de octubre al 31 de marzo:  Está abierto por las mañanas de 11:00 a 14:00 horas, y por las tardes de 18:00 a 20:00 horas.

Horario del 1 de junio al 30 de septiembre: Abierto por las mañanas de 11:00 a 14:00 horas y por las tardes de 19:00 a 21:00 horas.

Si quieres hacer una visita guiada al Centro Pérez Siquier, se debe concertar previamente llamando a los teléfonos 950 441 017 o al móvil 628 230 872. El coste por persona es de dos euros, y cada grupo tendrá un mínimo de 10 participantes.

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Finalizada la visita, no puedes irte de Olula del Río sin disfrutar de su deliciosa gastronomía. Muy cerca del centro de fotografías de Pérez Siquier está ubicado uno de sus restaurantes más míticos: el Mesón de Huitar. Concretamente, en la calle Huitar Mayor número 30, en la carretera del Polígono Industrial. Allí podrás degustar tanto platos tradicionales como innovadores, aunque son especialistas en carnes a la brasa. ¡No te vayas sin probarlas!